31.12.09

LAS CELDAS POLICIALES I


Justificar a ambos lados- A los amigos del tubo y a las unidades del (des) orden público. -

Las celdas de la Policía Nacional no son precisamente un resort al que te vas de vacaciones, sino habitaciones de “paso” para quienes se portan mal, para algunos que se portan bien, para los que iban camino al trabajo, para otros que iban hacia su casa, para los que “cogieron” robando o igual si se estaban drogando; en fin, para todos aquellos que estaban en el lugar incorrecto, en el momento impreciso y en circunstancias, evidentemente, equivocadas.


Por ello no es cierto que todos los que allí “hospedan” por la fuerza, las unidades del (des) orden público son inocentes, pero tampoco es cierto que todos los huéspedes son necesariamente culpables de algún delito o alguna falta administrativa.

Todas estas condiciones, aunadas al hecho que existe aquella tan extraña figura de la profilaxis social, que les da derecho a las unidades del (des) orden público de “meter en la patrulla” para luego “echar en la celda” a cualquiera que vean en la calle después de las nueve de la noche, hacen de las celdas de la Policía Nacional, lugares en los que se encuentra a todo tipo de personajes. Por mencionar algunos que nunca faltan, está el orate que ha hecho de las calles su hogar y de la celda otro lugar más para pernoctar, el hombre trabajador cuya mochila con herramientas y sus manos llenas de cayos dejan evidencia de su delito (trabajar), el bullero o como le llaman los policías “el alzado” que no se calla nada, su alter ego "el quieto" quien en toda su estancia no menciona palabra, el dormido, quien hace del suelo de la celda – dicho sea de paso, de dudoso aseo – una cama y descansa como un bebe (impresionante para quien no esté acostumbrado a ello), el estudiantes universitario, algún bohemio borracho, un ladrón que no desaprovecha la ocasión para robar cigarrillos o cualquier artículo “mal colocado”; entre otros sujetos provenientes – por lo general - , de los estratos socioeconómicos más bajos.

En las celdas el tiempo casi no avanza, las manecillas del reloj parecen congelarse. Teniendo en cuenta que las diversiones no son precisamente las de un hotel cinco estrellas (aunque no puede negarse que las hay) se tiene una percepción de que algunas horas son más largas que otras, pero nunca se siente que hay horas más cortas que otras, y es que conforme transcurren los momentos, esperan el término del hospedaje, cada hora es una banda elástica que se estira mucho más que la anterior.

El espacio – ocupado por una considerable cantidad de huéspedes – es en consecuencia, inundado de aire viciado, combinado con los más diversos olores corporales, - incluso provenientes de desechos humanos – creando la atmosfera perfecta para exasperar a cualquiera, tanto a los huéspedes, como a los anfitriones (los policías) quienes al parecer están permanentemente enojados, aunque siempre que llegue una “mala historia de la calle”, junto con otro huésped, les cambia un tanto el semblante, sin embargo no precisamente al más feliz, pero si caracterizado por una mueca estúpida. CONTINUARÁ.

21.12.09

A 20 AÑOS DE UN GENOCIDIO “JUSTO”

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            Exactamente 20 años después de la invasión norteamericana, nuestro Canciller y Vicepresidente Juan Carlos Varela niega la futura instauración de bases militares. Es irónico (o por lo menos así parece) que el Vicepresidente de ese entonces, Guillermo Ford, haya justificado la operación militar “causa justa” que costó la vida de un indeterminado número de vidas, y a la vez negase que él conocía sobre los detalles de esa operación.
            A 20 años de la invasión, el gobierno panameño sigue ocultando la cifra oficial de las víctimas fatales que produjo “causa justa”, aunque el Comando Sur – en cifras sospechosamente conservadores – habla de unos 314 muertos (incluyendo 23 soldados estadunidenses), sin embargo, extraoficialmente se habla de unas 4000 víctimas mortales. Irónicamente, se niega el derecho (nuevamente) a la población y peor aún a las futuras generaciones de conocer una cifra oficial en cuanto a los fallecidos en la fatídica invasión; y es que a menos de un año para la realización de un censo de Población y Vivienda no se concibe insertar en dicho instrumento estadístico (el más esencial e importante de un país) una pregunta que logre esclarecer cuántos perdieron la vida en ese trágico 20 de diciembre de 1989.
         Al parecer, a 20 años de la invasión el gobierno prefiere desconocer el genocidio de la “Operation Just Cause”; y desconociendo el genocidio, obviamente, no puede tomarse una posición de Estado sobre el tema que implique darle respuesta a las exigencias de los afectados (familiares de las víctimas fatales, quienes resultaron afectados física, psicológica y moralmente, quienes perdieron su hogar y enseres). Ello porque los “altos jerarcas” de la diplomacia panameña saben que esto tendría consecuencias internacionales, que evidentemente quieren evitar. Se deja ver que nuestros burócratas de la diplomacia no les queda ni un poco orgullo patriótico, como lo tuviera en su momento el Presidente Roberto Chiari que ante la matanza de estudiantes y civiles panameños el 9 de enero de 1964, por parte del ejercito estadunidense, rompió relaciones diplomáticas con dicho país.
             Contrariamente, agradecieron (como en el caso del Ex Vicepresidente Ford) y parecen agradecer todavía “la invasión que restableció la democracia en Panamá” (como se titula un suplemento publicado ayer 20 de diciembre de 2009), pues por la actitud cobarde que han tomado los gobiernos, en los 20 años sucesivos a esa tragedia y aquella actuación delincuencial en concubinato con el gobierno de EE. UU., se deja ver que hay aprobación tacita por parte de nuestras autoridades elegidas en “democracia”, que se instituyera un sistema de lo más anti democrático y servil a los intereses de la oligarquía panameña, y claro está de los intereses de agentes económicos estadounidenses, por sangre de inocentes y por cortesía fuegos enemigos.
          20 años después es inconcebible permitir “bases militares”, “de tareas conjuntas”, “centros antidrogas” o como quieran ponerle a las susodichas, en territorio panameño. 20 años después negar el genocidio de la Operation Just Cause” debería ser un delito, así como se le considera delito a la negación del holocausto, 20 años después nuestras autoridades deberían hacer todo lo posible por saber cuántas panameñas y panameños inocentes perdimos en esa invasión, 20 años después debe tomarse una posición de Estado al respecto… 20 años después está prohibido olvidar y prohibidísimo perdonar.

Fuentes de apoyo:
- Diario La Prensa, edición 19 de diciembre de 2009: “Censo no tocará la Invasión” y “Varela desmiente a Hugo Chavez por bases aeronavales”
- Diario La Prensa, edición 20 de diciembre de 2009, suplemento especial: “20.12.89. La historia de una invasión que restableció la democracia en Panamá”
- Beluche Olmedo, La Verdad Sobre la Invasión.

Matiza2: La Patria Desangrada II


"Todo lo que se come sin necesidad se roba al estómago de los pobres."
- Mahatma Gandhi -


Volvemos a morir,

cada vez que un político niega al pueblo,

y cada vez que un político vende al pueblo,

vuelve a morir el niño de hambre,

vuelve la escuela a quedarse sin educación.

-

Cada vez que “negociamos” nuestros intereses

poniendo de rehén al pueblo

tocando fondos (públicos)

disparamos balas ciegas

que se incrustan en cráneos inocentes

del viejito, de la mujer y del bebe

del estudiante y la obrera.

-

Si no aprendemos que las balas están

en todos lados y que hieren aunque no salga sangre

moriremos poco a poco,

agonizaremos un tanto de día

y un tanto más de noche.

18.12.09

"Cultura del exceso" y reformas tributarias



Hace unas semanas atrás el Primer Ministro británico Gordon Brown difundió un plan de recorte de gastos de la administración estatal, que busca lograr un ahorro presupuestario de unas 12.000 millones de libras (19.728 millones de dólares) en los próximos cuatro años.

Entre otras medidas para ejecutar dicho plan, se busca hacer disminuciones salariales a los puestos directivos en un 20%, cambiar los procesos de asignación salarial y además hacer de conocimiento público las sumas recibidas en concepto de salario por estos directivos. En palabras del propio Premier existe en la actualidad una “cultura del exceso”, esto en relación con los altos salarios devengados por estos servidores públicos y la priorización del gasto público: "El dinero que debería gastarse en salud, en escuelas, en policía y en servicios sociales se está destinando, en algunos casos, a salarios excesivos y a primas injustificadas, que están muy lejos de las expectativas de la mayoría de los trabajadores".

Ciertamente se vive una “cultura de exceso” en los términos que explica Brown, afectando de manera directa el presupuesto público británico.

Pero esa realidad no es ni típica, ni autóctona del Reino Unido ya que la misma es muy parecida a lo que vivimos en Panamá, donde puestos burocráticos de alta jerarquía, no sólo son extremadamente bien remunerados por su “trabajo”, sino que además reciben todo tipo de privilegios (que no tienen razón de ser) pagados con el dinero de todas y todos los ciudadanos, que entre otros son: combustible gratis para sus automóviles, exoneración de pago de impuesto de introducción de vehículos, guardaespaldas, pago de servicios como luz y agua en sus residencias; esto es muy cuestionable teniendo en cuenta las problemáticas sociales por atender y que dependen de asignaciones presupuestarias para llevar a cabo la solución de las mismas.

Cuando en la actualidad se plantean por parte del gobierno panameño, una serie de reformas tributarias que naturalmente buscan mayor percepción de ingresos a las arcas del Estado en tiempos de crisis económica, sería bueno preguntarles a nuestros amigos del gobierno si les ha pasado por la mente – como en el caso del gobierno británico – priorizar y reducir el gasto público, más en específico, reducirse los salarios o quitarse los tantos privilegios que tienen por cuanto los mismos representan grandes egresos al erario público, generando un gasto presupuestario innecesario.

Incrementar impuestos para seguir manteniendo a los altos burócratas dentro de una burbuja de cristal, en medio de tantas necesidades sociales, sería una cuestión absurda y una catástrofe para la economía nacional, pues por un lado se desincentiva la inversión y por el otro se institucionaliza (aún más) la desigualdad en la repartición de las riquezas creando dos tipos de ciudadano “el alto burócrata” y “el contribuyente” analogía moderna de lo que sucedía en los sistemas monárquicos del Medievo entre “la realeza” y “el súbdito” .

Ciertamente Panamá no es Reino Unido, de hecho estamos muy lejos de serlo y ellos muy lejos de ser Panamá, sin embargo ideas básicas en política económica y financiera como las que plantea poner en práctica el gobierno británico para sobrellevar la crisis económica – reduciendo y priorizando el gasto público -, sería bueno estudiarlas y ¿Por qué no? vislumbrar su aplicación en nuestro sistema.

Fuentes de apoyo:

http://www.libertaddigital.com/economia/reino-unido-ataca-la-cultura-del-exceso-y-limita-los-sueldos-del-sector-publico-1276378345/

www.prensa.com, Diario La Prensa, edición del martes 8 de diciembre del 2009.

http://www.martesfinanciero.com/mensual.html, Revista Martes Financiero, edición del martes 8 de diciembre de 2009

Matiza2: Si vis pacem para bellum


"Siquieres paz, preparate para la guerra"
Vegecio


¿Será que es más fácil gastar en balas, fusiles y represión

que en escuelas, libros y educación?

¿Será que el derecho de supervivencia

implica matar a los otros de hambre?

¿Será que si cada quien vela por lo suyo

nadie vela por lo que es de todos?

¿Y que es de todos?

¿Acaso no es la tierra de todos?

¿Acaso no es el agua de todos?

…Y acaso ¿no somos todos hermanos?