13.1.10

LAS CELDAS POLICIALES II


Caminaba por la acera y escuché una voz que decía: - ¡Manos a la cabeza! - ...

No había nisiquiera mirado hacia el lugar de donde provenía ese llamado de atención, pero sabía yo que se trataba de alguna unidad del (des) orden público de la Policía Nacional de Panamá, que sin seguir ningún procedimiento policial, estaba dispuesto a llevarme a una celda oscura y hedionda, poblada de quien sabe que gente y vigilada por trogloditas similares a ese gorila que me había ordenado poner las manos en la cabeza, sin siquiera haberme pedido mi identificación personal, es más sin siquiera saludarme e identificarse él antes de proceder con cualquier acción, como debería ser…

Todavía sin mirarlo y sin decirle nada me alcé la camisa hasta la altura del pecho para demostrarle que no tenía ningún arma ni nada que esconder. Hago mea culpa de mi reacción estúpida, pues para como están las cosas este seudo – policía me hubiera podido meter dos buenos pepasos (1) alegando luego que yo había realizado un movimiento brusco…

Esto no sucedió precisamente, sin embargo, evidentemente alteré al tipo pues me dijo, ahora en tono más fuerte: ¡no te muevas, y ponte las manos en la cabeza! ... gire mi cabeza unos 120 grados hacia la derecha y vi que un tipo como de un metro ochenta, vestido de verde oliva me apuntaba con su Taurus calibre 38, gire mi cabeza unos 130 grados a la izquierda y vi que la misma escena se repetía, con la única diferencia que el que estaba a mi izquierda era de estatura un tanto más corta…

Con algo de temor, pero con la certeza de que últimamente me he estado portando bien, solté una frase a buen tono de voz, aunque con la misma un poco entrecortada dejando en evidencia mi temor: - ¿Y qué hice ahora señores oficiales?-...

No recibí una respuesta directa a mi pregunta. De hecho nunca recibí respuesta alguna…

Solo escuche desde la retaguardia derecha: - ¡Ponte las manos en la cabeza! - , y luego escuche que decían: - ¡Y no jodas! - ... el de mi izquierda era el que me hablaba ahora, con un tono de voz más grave,claramente enojadísimo…

Cuando al fin atendí la orden, el que estaba a mi derecha me pide mi identificación personal, a lo que yo conteste en forma de burla y con algo de provocación (2): ¡No puedo sacar la billetera para enseñarte la cédula, porque tengo las manos en la cabeza!...

El tipo más alto, que por sus movimientos parecía bastante exasperado empezó a radiar (3), mientras que el más bajito me gritaba: ¿Nos quieres agarrar de pendejos o acaso eres payaso?...

Como la Chilindrina contestando preguntas ambiguas en El Chavo del Ocho, le dije: - ¡las dos cosas!- Soltando luego una sonora carcajada...

No pasaron ni dos segundos cuando sentí un toletazo (4) en mi costado derecho, que si bien no fue la gran cuestión si pudo sacarme buena parte del aire que había aspiraba…

¡CARAJO! grite, mientras me inclinaba un poco hacia la parte derecha de mi cuerpo, aun con las manos sobre la cabeza, - ¡Ustedes no respetan los derechos de los demás, son unos malditos gorilas, no han cambiado ni una mierda desde la dictadura! - Seguí profiriendo…

- ¡Cállate pendejo y saca la cedula, acuérdate que los derechos que tienes ahora mismo, son los que nosotros te queramos dar! - Escuche de no sé que boca…

Con mi mano derecha saque a duras penas la billetera, digo a duras penas pues aun estaba resentido del varillaso que me había propinado uno de los policías…

Saque la cédula y se la di al más bajito, que le dijo inmediatamente al otro: - Revisa a este maricón -, este procedió a darle cumplimiento la orden, sin poder encontrar nada…

Algunos minutos después llegó la perrera (5), se bajaron unas dos unidades que me ordenaron que subiera al vagón, dicho sea de paso uno de estos le preguntó a los dos que me habían retenido: - ¿Este es el que está alzado? -, el más bajito de mis captores respondió: - ¡Afirmativo comando!, espero que lo traten bien en la subestación (6) -…

Subí al vagón de la perrera sin ninguna esperanza que me trataran con mimos esa noche, o por lo menos que fuera una experiencia cómoda. CONTINUARÁ.

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(1) Pepasos: En juerga de los barrios panameños tiros, disparos.

(2) Ya estaba un tanto más relajado, pues tenía plena certeza que los tipos solo querían molestar, llevarme a pasear un rato al “magnifico aposento” carcelario, y claro está justificar su salario.

(3) Radiar: Solicitar apoyo, llamar a otras unidades del (des) orden público.

(4) Toletazo: Golpe dado con la vara policial.

(5) Perrera: Automóvil policial que consta de un pick – up con un vagón trasero cubierto.

(6) Subestación: Así se conoce a la estación policial de los barrios donde están las celdas