23.2.10

Matiza2: Crónica Roja




¡Clemencia! Gritaba Ignorancia desde su lecho de muerte.
Sabiduría le contesta con el mismo tono desde la habitación contigua: ¿Acaso te sirve de algo Clemencia en este momento? ¡ Vieja inútil ya te estás muriendo!
Clemencia que venía corriendo a mil por el pasillo del hospital se detuvo frente a la habitación de Sabiduría que estaba allí por un chequeo rutinario – el que solía hacerse cada día –.
Clemencia entró al cuarto donde estaba Sabiduría y dijo: He estado escuchando que me llaman ¿Eres tu quien mi nombre ha invocado?
Sabiduría un tanto molesta y con cierto talante arrogante le contesta: Yo a ti no te necesito, me eres tan inútil y desagradable que te detesto. Pero si quieres puedes irte al lado donde está Ignorancia clamando por ti desde hace no se qué cantidad de tiempo.
Clemencia se quedo pensando un rato con la cabeza baja, luego miró fijamente a Sabiduría por un buen lapso de tiempo; como esperando que esta le dijera algo más.
Clemencia al ver que no recibía palabra alguna de su interlocutora, y con la paciencia que le caracterizaba retomó el dialogo diciendo: No tenía el desagrado de conocerte, aunque sí conocía a tu hermana Soberbia… Ahora me doy cuenta que las dos estáis cortadas con la misma tijera y que son hijas de la misma madre Impura. Y continuó: Ahora te pregunto ¿Qué haces tú en este hospital a diario?, ¿Qué haces tú aquí todos los días? Porque según me he podido percatar, llegas aquí todas las mañanas con una puntualidad de relojería suiza…
Clemencia hizo un breve silencio, y siguió hablando: La vieja que está al lado de la habitación en que siempre te atienden por tus chequeos de hipocondriaca lleva allí una eternidad tratando de morir, y no puede, pobre de ella, pero tú… ¡TÚ! Eres más patética; estando en buenas condiciones acudes aquí a diario a revisarte no se qué mal, si tan perfecta eres ¿Por qué no te largas? Es más ¡No vuelvas por estos lares!
La Sabiduría herida en su ego saltó por la ventana de la habitación, Clemencia observaba la escena impávida y se dirigió hacia la habitación contigua para hacerle una la visita de rutina a su vieja amiga Ignorancia. La saludó cordialmente y le dijo: ¿Sabes una cosa? Me confundí con los gritos, tu voz y la de ella (Sabiduría) son casi idénticas, pensé que te habían cambiado de habitación y entre al lado de allá… Al parecer, hoy esa loca se quedó más tiempo de lo usual; no tenía el desagrado de conocerle… Pero te voy a decir una vaina: no quiero volver a ver a esa comemierda… Ignorancia no dijo nada, sólo sonrió.

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