22.10.10

El costo de las cosas*

Otra vez nos pusieron caricatura, buena esa!
Lo que no cuesta trabajo se despilfarra y solo cuando se acaba o cuando es muy difícil conseguirlo empezamos a añorar; como dijo aquel sabio popular que prefirió el anonimato: ‘Nadie sabe el valor de lo que tiene hasta que lo pierde’. Es ese el momento en el que tomamos conciencia de las cosas, a veces de manera equivocada, a veces con algo de razón, lo importante es empezar a construir esa conciencia.

Para no aburrirles con planteamientos abstractos, me remito a ciertos hechos que están sucediendo en la Ciudad de Panamá y, según tengo entendido, se repiten en muchas otras comunidades de la geografía nacional. Para nadie es un secreto que vivimos sepultados de basura. Montañas de desechos, popularmente conocidos como patacones, han pasado a ser parte del paisaje urbano hasta en los barrios más exclusivos. La palabra ‘nauseabundos’ se queda corta para describir los olores que tenemos que respirar en las calles.

Si usted cree que lo que le digo es relajo, lo reto a bajarse del auto, a salir de casa o de la oficina y caminar cualquier avenida de la ciudad. Unos quinientos metros serán suficientes para sentir el deseo de estar lejos de toda aquella inmundicia.

La cuestión es que esa asquerosa experiencia no es solo muy molesta, sino que también es insalubre; es decir que puede ocasionar epidemias que se expandirían con la velocidad con que se riega un bochinche en un pueblito, y mucho habría que agradecerle al Ministerio de Salud —que ante esta crisis no ha dicho ni esta boca es mía— por su capacidad de prevenir enfermedades.

Relacionando esto con lo del costo de las cosas y el despilfarro, hay dos cuestiones muy puntuales por decir: Primero, entender que todos tenemos parte en el problema. Tirando nuestras cochinadas por todas partes, desde el papelito del chicle al suelo, hasta el caliche de las remodelaciones en un lote baldío que usan los muchachos como cancha de fútbol. Como todas y todos sabemos, en este país nos hemos ido acostumbrando a hacer lo que nos de la gana, cuando nos da la gana, en la medida de nuestras posibilidades. Con la basura no es la excepción, pues los hospitales echan los desechos médicos en cualquier esquina, las empresas constructoras vierten los residuos de cemento en las alcantarillas, causando luego inundaciones que generan daños considerables a terceros, pero también está aquél que deja que su perro se haga pupú en cada acera y en cada parque, y que además reviente los cartuchos del vecino dejando todo regado, sin olvidarnos de aquel que deja sus bolsas llenas de basura en cualquier lugar que esté lejos de su casa.

Entonces, es bastante cierto que todos en la medida de nuestras responsabilidades tenemos culpa de lo que está pasando. De lo que se trata ahora es de autocriticarnos y tomar conciencia de que hay normas por respetar y ‘hacer lo que me da la gana’ —como se ha demostrado— a la larga es perjudicarnos a nosotros mismos. En palabras bien sencillas: Eso del juegavivo ya nos tiene casi muertos.

La segunda cuestión, tan importante como la anterior, es que hay que ir entendiendo que entre estos hechos y la manera en que nos están gobernando, hay una relación política directa. Hablando con ejemplos concretos, me remonto a aquel aberrante suceso de la supuesta pelea entre el alcalde de las lágrimas de cocodrilo y un diputado que hace poco se operó el estómago. Y es que si la memoria no me falla estos dos señores en aquellos días de campaña politiquera se atragantaban de comida en los mismos restaurantes, sentados en la misma mesa, mientras se reían de los mismos chistes. Sin embargo, ahora hacen la pantomima de estarse peleando ante los medios, disputándose quién sabe qué. Lo que sí es seguro es que están distrayendo a la población del problema central: nuestra salud. Además, estas dos moles sirven como telón tapando todos los mega negociados que se dan tras bambalinas.

Creo que es hora de que esto pare, la cuestión es que, si como pueblo no nos organizamos para luchar por nuestros objetivos comunes, nadie nos va a regalar nada, más bien seguiremos sepultados en la basura.
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*Publicado en el Diario La Estrella de Panamá el 22 de octubre de 2010. Agradecemos a la Licenciada Doris Hubbard y al caricaturista Peña Moran por su deferencia.

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