29.1.11

La masacre del 9 de enero y la división fascista del trabajo



Para escuchar mejor  el  audio del video, por favor haga click en pausa en el reproductor de audio (Mix Pod) que se encuentra junto a estas palabras.



Ya vimos como algunos pueden ser tan crueles, dejar quemarse seres humanos, mirándolos impávidos, escuchar sus gritos, reír escuchándolos, burlarse de su dolor, mandarlos a morirse, incluso golpearlos como si fuera poca cosa todo aquello.

 Los hechos del 9 de enero, han reflejado la deshumanización de la máxima institución de seguridad pública (Policía Nacional), las opiniones divididas de la población acerca del hecho han demostrado que aunque hay ciudadanos conscientes que repudian hechos fuera de toda cordura como éste, también hay una parte de gente (no me atrevo a llamarles ciudadanos y medité sobre si debía llamarlos gente) que celebraron el hecho, alegando que los menores infractores debían podrirse en la cárcel, morir quemados en medio de todo un espectáculo circense, “lo mejor que podría pasarle a asesinos como esos”.

Y así sucesivamente se llenan los espacios de opinión con aquellas posturas divididas, censura o apoyo de la acción de los policías, se habla de los cinco jóvenes muertos y los dos gravemente heridos (hasta ahora) como víctimas de un sistema carcelario que engulle personas que debido a ciertas circunstancias han cometido el craso error social de violar las leyes penales, pero que  luego hipócritamente vomita gente castrada mentalmente para vivir en comunidad, se habla también de estos siete jóvenes como asesinos “que debían morir”, como si perder la libertad luego de cometer un delito viniera casado con aquello de tener que morir en la cárcel, o en el mejor de los casos salir de ella lisiado tal y como si estuviéramos en pleno siglo XV donde cualquier delincuente sin importar la calidad de su delito, era llevado a la horca o tirado en alguna mazmorra hasta que muriera de tifus o tuberculosis.

Irónicamente, aquellas gentes que parecen haber sido tele-transportadas desde el medioevo a opinar sobre el tema,   suelen apoyar cada mega-proyecto, robo-proyecto o narco-proyecto del Gobierno Nacional, alegando que edificios gigantescamente cuadrados y maquetas de metros nos llevarán al-primer-mundo-en-este-mundo-globalizado.

Este hecho también ha demostrado que la división individual del trabajo, una de las ideas más viejas de la humanidad, puede servir para que cada quién pueda deshacerse de la responsabilidad de un acto del que efectivamente se tiene responsabilidad por la jerarquía de mando. Explico. En las entidades de seguridad en las que hay rangos determinados y ordenes que deban obedecerse, existe la figura del superior jerárquico. Este superior jerárquico es responsable directo e indirecto de lo que hace su subalterno, por cuanto se entiende que las acciones ejecutadas no responden a un libre albedrio de ese subalterno, sino a una acción enfocada –en el caso de la Policía Nacional– a “proteger y servir a la comunidad”, que debería ser la labor de toda la institución, e igualmente se entiende que estas acciones no son el resultado de arbitrariedades caprichosas, un “dejar morir quemados en el fuego porque son delincuentes”.

Cabe destacar que  en las entidades castrenses, como lo es el caso de la Policía Nacional, opera esta responsabilidad jerárquica, siendo los superiores inmediatos de los subordinados quienes –también– asumen la responsabilidad en acciones graves como lo fue la masacre del 9 de enero, responsabilidad que incluso llega hasta el Director de la Policía, el Ministro de Interior y el Presidente de la República. De más está decir que no hay dentro de la Policía Nacional una división del trabajo como se conoce desde su teoría clásica, es decir, que cada quien cumple con una labor de la que es responsable sin tener responsabilidades directas sobre lo que hace o deja de hacer el compañero de trabajo.

Hallo dentro de este suceso, cierto parecido a la división del trabajo en las agrupaciones fascistas, dónde cada quien se “saca la responsabilidad” de la acción hecha por el otro, aunque esta acción sea resultado de toda una cadena de mandos en la que la agrupación funciona como un sólo sujeto que tiene objetivos específicos.

Viendo las declaraciones del Ministro Raul Mulino[1], puedo intuir  que en cuanto a la tragedia del 9 de enero, los máximos jerarcas de la institución policial  –dentro de los que se incluye él– se “sacuden” la responsabilidad delictual que tienen en dicho hecho, lo que evidencia aquel comportamiento de la división del trabajo en las agrupaciones fascistas.

Sin embargo, cada vez que se anuncia una (dudosa) baja en las estadísticas de la delincuencia se ven a Gustavo Pérez (director de la Policía Nacional), a Mulino y hasta a Ricardo Martinelli con una sonrisa entrambas orejas , anunciando el hecho como una labor en conjunto de la Policía y el Gobierno Nacional.    
---
Les dejo este interesante extracto de la película "Memorias del Subdesarrollo" sobre la responsabilidad criminal en las organizaciones fascistas.



[1] La Estrella de Panamá, edición 29/01/2011. MULINO SE “SACUDE” A LOS QUEMADOS. Por Raúl López. “El ministro de Seguridad Pública, José Mulino, declaró ayer que ni él ni el presidente, Ricardo Martinelli, ni el jefe de la Policía, Gustavo Pérez, pueden responder por la acción de los agentes policiales que estaban en el incendio del centro de cumplimiento de Tocumen, que ha dejado cinco menores muertos y dos heridos.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Favor combatir la idea y no al mensajero, gracias!