11.3.11

Acabó el Carnaval/ Volver a la rutina

A felicidade do pobre parece
grande ilusão do carnaval
A gente trabalha o ano inteiro
Por um momento de sonho
Pra fazer a fantasia
Jom Tobim

Se acabó el carnaval, se revierte el éxodo por las cervezas y el seco y vuelve la gente a esta vida de rutinas, aunque cabe decir que el carnaval es otra rutina. Sí. Emborracharse en la tarde mientras a uno le echan agua, entre 1 y 5 pm, volver a casa de la tía en fuego, dormir unas horas, ver La Cascara, emborracharse de nuevo en la madrugada mientras se escucha alguna canción de Sandra o de Saik en el DIOS TODO PODEROSO PH, entre 1 y 5 am, llegar a casa de la tía ebrio/a dormir hasta las 11, volver a pegarse al vaso.

Lo digo con propiedad y sin ninguna pena. Esa vida ya pasó por mí y la disfruté bastante (y ella a mí) más o menos desde los 12, después de todo el camino del exceso, como dice Enrique Bunbury, es fuente del saber, siempre y cuando uno vaya aprendiendo que quemar con malas artes el espíritu del vino también le quema a uno el cerebro; esa rutina es tan o más cabrona que la del trabajo, la casa, la tele, el internet… Y ya uno va haciendo cosas diferentes en aquellos días de ocio.

No estoy escribiendo contra los carnavales, después de todo es divertido sentarse frente a la tv y no ver novelas que huelen a silocón, pólvora entre otras cuestiones. Estas imágenes de cuatro días con gente borracha bailando choque-choque o peleándose entre tonadas, le roban a uno algunas carcajadas. Suena sádico burlarse de aquellas demostraciones de degradación humana, pero es que eso es lo que recoge la antena entre una y otra cosa del folclor autóctono carnavalero.

No estoy escribiendo contra los carnavales y bien sabe Usted, Estimado/a Lector/a (si me ha leído antes) que tampoco pertenezco a ningún culto religioso, sea católico, evangélico, mormón, iglesia maradonista, o parecido. De hecho, me parece toda una hipocresía aquello de que luego del carnaval, de caminar por todo esa ruta de excesos venga aquel periodo de “reflexión” del que tanto hablan estos pendejos de la católica, para ellos cualquier época del año es buena para quitarle plata a la gente sobre todo en estas fechas (el cielo siempre ha tenido un precio, ¡pon algo para la limosna pecador!), y para algunos sacerdotes cualquier época del año es buena para violar niños.

No estoy en contra de los carnavales, sólo estoy diciendo que se acabó el carnaval y que hay que volver a la rutina, la otra rutina.

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