3.3.11

Cumbre de la asfixia

Dependiendo del tiempo, Jonatan Abalo

¡Que días más intensos estos!
Cultura Profética

Minutos que me van ahorcando lentamente, dispuestos a devorarme despacio, destruirme, decididos, desbocados.
Me encuentro en la cumbre de la asfixia, un lugar abstracto desde donde no se divisan vías de escape, es incomodo, frustrante.
Es un punto muerto, que huele a carne podrida, así como cuando la herida permanece abierta por semanas.
Yo mismo me metí por esos recovecos, pretendiendo acelerar los minutos, queriendo hacer del tiempo lo que yo quería.
Es un tanto imposible, no soy cronos, ni por lo menos un maldito reloj, soy otro en la tierra que puede usar el tiempo pero jamás hacerlo.
Las  horas me amenazan, cada segundo es un susurro al oído, me dicen cosas inesperadas, suceden cosas que no entiendo, espero yo que siga siendo impredecible.
Amo esa aventura que puede traer el tiempo, odio tanto cuando se convierte en mi camisa de fuerza, advirtiendo que pronto serán las once. Hay que dormir.
Asumo desconfiado que pronto será tiempo de volver a andar, sacarme estas ganas horribles de moverme en algún lugar que no sea esta cumbre asfixiante.
Aunque es un poco pendejo tener esperanza, es inhumano no tenerla y con el miedo de que la hiel de la inhumanidad me vaya pudriendo hasta la testa, me pongo a esperar con confianza.
Igual, no se pierde nada. Los minutos se van apelotonando sobre mí, aplastándome, solo queda marchar para que no se me entumezcan las piernas, a quien mucho se mueve el tiempo no lo aplasta, la historia no le olvida.

1 comentario:

  1. Compa lo que has escrito, descrito y reflexionado es parte de la compleja y contradictoria existencia humana, de nuestras pequeñeces y grandezas, de los fracasos y las victorias, de ser seres altamente racionales a veces y otras ser tan emocionales. Estamos aquí arrojados a la tierra por dios o los dioses, o tal vez solo por la evolución, tenemos el poder de destruir como de construir, de elegir o ni tan siquiera tenemos ese derecho. A veces uno se sienta en la calma/tormenta y se pregunta valdrá la pena seguir, transformar al mundo y a la sociedad o estamos luchando contra invencibles molinos de viento. Me quedo con estas palabras: "a quien mucho se mueve el tiempo no lo aplasta, la historia no le olvida."

    Saludos y Éxitos.

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