13.11.11

Fucsia (No. 97)


Acidez mental, como un árbol creciendo hasta el subsuelo y se va haciendo otoño y las hojas resecas, gris-chocolatosas, caídas, se precipitan, bajan entre las piedras, arena, tierra, placas tectónicas y se vuelven nada dentro de la lava ardiente. Allá, más cerca de la superficie, están los laberintos propios, la guerra caliente, los mutilados, pero también las distracciones químicas, los caprichos, propios laberintos, ajenos de relevancia, tan triviales, hediondos a automóvil encerado o a teléfono inteligente, y si por si acaso pueden verse las rodillas desnudas, estarán visibles y frescos los registros de la genuflexión, manchas color cloaca.
Uno, uno. Uno que nunca puede ser más, uno que nunca deja de ser uno, uno que piensa, uno que come y un cigarro después. Uno más. Una remembranza de limones, las gotitas de sus jugos y el placer casi enfermizo en las papilas gustativas, suena Metástasis, bajo la casi estéril iluminación del rojo fosforescente, secuencia absurda de irreverencias, en todo caso las conspiraciones de la paranoia es sólo resabio. Uno.
Terremotos, y los arboles agitados dejan caer más hojas que se estrellan contra todo para en algún momento mutar en lúgubres sombras, también explotan dentro las neuronas, otra consecuencia. 

2 comentarios:

  1. Me gusta lo que has escrito!! y amo el otoño, las hojas secas de los arboles me traen muchos recuerdos!! :)
    saludos y besos!

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  2. Muchas gracias Gaby, tú siempre tan linda. Saludos!

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Favor combatir la idea y no al mensajero, gracias!