31.12.11

Cerrando 2011/ ¡Feliz 2012!


Las caricaturas de Alberto Montt siempre son geniales, sobre todo en Año Nuevo www.dosisdiarias.com

2011 ha estado lleno de escándalos políticos (como todos los años), de muertes, de tragedias, embarrado de sangre, pletórico de corrupción, tantos accidentes de tránsito, tanta gente muerta de KPC y siguen muriendo los del Dietilenglicol, los pequeños empresarios transados con la impresora fiscal, los magistrados ungidos nombrados, Bosco en ascuas llorando, Ferrufino en la papa llorando, Martinelli burlándose de ti en la TV diciendo “lo que le gusta escuchar al panameño” , Varela llorando y echado del Gabinete como un perro, Mulino gruñendo como un ogro y se mantiene en el Gabinete aunque muchos no lo quieren, gente irresponsable sigue tirando basura a la calle, las alcantarillas se atascan y la inauguración del Hotel de Donald Trump es un completo desastre pero también se inundan tantas casas de inocentes, inocente no es Donald Trump que dijo algo así como que en Panamá tenía que seguir siendo colonia americana, igual nos instalaron una base Naval en Puerto Piña con todo y U. S. Army, y entre técnicos, arquitectos, ingenieros y empresarios gringos, franceses, alemanes, italianos, obviamente que con obreros panameños se instala el Metro, se construye el canal y se limpia la bahía, también iban a instalarse unos radares italianos, pero parece que la Cossa Nostra, la Grande Famiglia o cualquiera de esas otras bandas berlusconianas y lavitolianas  están metidas en la vaina y tuvieron que dizque que parar la cuestión.
Tú te llenaste la barriga celebrando el año nuevo, posiblemente te emborrachaste, fuiste a carnavalear, te dejaste cuentear de Martinelli, de Mulino, de Varela, de Bosco no porque a ese nadie le cree, viste como 900 horas televisión para verlos y escucharlos atentamente, te quedaste 2000 horas en tranques por culpa de la construcción del Metro, trabajaste, trabajaste, trabajaste, te fuiste a tu casa a dormir, quizá estudiaste o leíste un libro, o lo dejaste a medias, comiste en una fonda, te quejaste de lo caro que estaba el arroz y todas las vainas en el 99, la gasolina también subió como 15 centavos y a las dos semana le bajaron 2 y te pusiste contento, fuiste a alguna patronal en alguna otra provincia y te metiste tus tragos, entraste al PH, le diste un beso a tu mama, a tu esposa, a tu novio, a tu viejo, a tu hermana, a tu hijo,  twitiaste muchas awebasones y en Facebook comentaste en una foto de un álbum que se llama “saliditas random”,  te “indignaste” y luego viste un juego del Real Madrid contra el Barca, se te olvidó la “indignación”, saliste de paseo e hiciste el amor, te invitaron a una fiesta y no fuiste, quedaste sin agua en plenos desfiles patrios y parte de diciembre y en desfile de navidad temiste por tu vida cuando se armó la balacera y viste al tumulto de gente corriendo. Mientras leías esto (específicamente el primer párrafo) te acordaste de los escándalos políticos y pensaste que hay otros tantos de los que no escribí.
¿Has caído en cuenta que todos los años son más o menos la misma vaina? La cuestión es que los mayas dicen que en 2012 el mundo se acaba, específicamente en diciembre. Piensas entonces que tienes más o menos un año para hacer todo lo que no hiciste, o simplemente en prepararte para el fin del mundo. Te aconsejo también prepararte por si no se acaba, no sea que cometas una locura de la que podrás arrepentirte si el mundo llega al 2013 y tú sigues con vida. Hay otros que no creen en la vaina y dicen que la vida sigue tal como la describí arriba pero que puede mejorar o empeorar. Yo soy de los del segundo grupo y considero que los políticos seguirán en sus escándalos, y que tú tendrás que seguir como otro mortal en la tierra, específicamente en Panamá (bendiciones y suerte si tienes que irte) haciendo lo que haces todos los días, te aconsejo esforzarte un poquito más para ver qué depara el año, porque sea como sea, un año  nuevo es siempre un nuevo comienzo que trae mil y una posibilidades.
Entonces sólo queda desearte a ti y a los tuyos un feliz y próspero 2012, disfrútalo mucho pero también esfuérzate y lucha.   

27.12.11

Sobre el maltrato a los niños


“Sigue preguntándome ahuevazones y te voy a reventar esta vaina en la cabeza”  decía  una tipa a toda boca mientras blandía una botella de plástico llena de agua sobre la cabeza de una niña. Era en la tardecita de estas de dizque verano, como no había lluvia y la gente tiene plata para gastarse en las fiestas de fin de año el almacén estaba lleno, era entonces de esperarse que todo el mundo girara el cuello para ver el penoso espectáculo, la tipa siguió gritando amenazas e improperios, la niña no tenía cara de sorpresa ni de enojo y después del segundo grito cada quién volvió la mirada a lo suyo… Más adelante, mientras esperaba el turno para pagar en la caja pude observar una situación similar, un niño golpeaba recurrentemente en las piernas al que parecía su papá  que cuando se cansó de aquello le dijo a buen volumen: “eres ´pelión´ y ´maliante´, ya quédate quieto o te voy a meter tu puñete”.  El niño no pasaba de los cinco años.
Si fuera que escenas como estás las viera de vez en cuando quizá no estuviera escribiendo esto. Digo, una situación como esta siempre preocupa pero para mí lo verdaderamente preocupante es la frecuencia con que las veo, en las oficinas públicas, en los restaurantes, en los parques, en cada lugar en que hay niños junto a adultos ”responsables”. No me preocupa esto en son de “pobrecitos los niños”, considero que no es bueno nunca sentir esa lástima estúpida por la victima porque lo único que hacemos es convertir en una especie de reality show estas situaciones tan serias, más bien me preocupa en el sentido que ese tipo de maltrato público contra los niños se hace cada vez más común en nuestra sociedad y pienso que si eso es lo que se ve en la calle ¿Cuánto podría pasar en casa?
Ningún niño pidió venir al mundo pero hay quienes insisten en traerlos sin tener la responsabilidad necesaria para criarlos y educarlos, motivo por el cual llenan ese vacío con amenazas, gritos y golpes. Cada quien tendrá su manera de criar a los niños, mis papás y los de mucha gente que conozco, nos dieron buenos correazos (la mayoría de las veces bien merecidos) en la comodidad y privacidad del hogar, pero de eso a ridiculizar al muchacho frente a la gente, de hablarle con palabras y frases ofensivas que le bajarían la autoestima hasta al más cuerdo hay demasiada diferencia; esta vez me atrevo a ser muy prejuicioso y decir que aquel padre o adulto (ir)responsable que se atreve a hacer eso, sin embargo no es capaz de dar un abrazo y/o un beso al niño ni para decirle buenas noches, pues en esos bochornosos acto públicos demuestra toda su incapacidad para amar.
Una de las primeras cosas que se aprenden en la escuela (y es de las pocas que sirven) es que la familia es el núcleo de la sociedad. Si este tipo de situaciones se vuelve una constante luego no nos quejemos de la sociedad violenta que estamos creando.

20.12.11

Persecución


Suelo verte los domingos con la resaca acuchillándome la cabeza, desde adentro hacia afuera, parece que la sangre corre por los dos filos de la daga y aun así me sacudo el letargo y emprendo la persecución, ya ha pasado así  varias veces y siempre es infructuoso todo, pero me prometí aprovechar cada oportunidad que tengo, a ser perseverante. Te veo nuevamente caminando entre los matorrales arrebatados, la tierra está esponjosa y me voy hundiendo con cada pisada porque he llegado hasta los pantanos con estas ganas de tenerte quemándome las entrañas, y ahora lo que tengo es rabia porque cuando estoy saliendo del atasco ya te escapaste. Ciertamente te odio, porque te me pierdes en cada encuentro, te desvaneces como la neblina con la brisa, eres una especie de mito que mis ojos han visto pero que intocable eres. No pregunto a los otros por si acaso te vieron porque yo sé que simplemente no estás para ellos.
Te veo entre la gente, ellos no te ven, pero yo te veo y tú me ves fijo a los ojos, haces una mueca entre la burla y el desprecio, caminas en reversa cuatro o cinco pasos para seguir hipnotizándome con tus pupilas grises, luego te das vuelta y me dejas atrás, yo mirando tu espalda fuerte, te apresuras, yo te sigo en la carrera y seguiré siguiéndote en este juego absurdo de atraparte. No sé por qué obedezco a estos instintos demenciales de acudir tras tus huellas ¿Huellas? Me percato muy tarde que he dejado la ciudad buscándote, dejé al montón de gente atrás, me olvide del almuerzo y de todo vestigio de rutina para que tú nuevamente desaparezcas así sin más.
Te he visto en los sueños, es allí… Allí es donde más corro, sin inhibiciones, desnuda, mis senos al viento, mi sexo está húmedo y con unos libidos monumentales instalados por esos lares, corro entre laberintos, camino hasta el tambaleo sobre las piedras filosas a la otra orilla del rio, todo soleado está y tú ya te vas internando en un túnel delineado por el follaje, las flores se caen, los pájaros están cantando y danzando y me extraño tanto en ese instante porque ya no son de piedras ni de pantanos ni de tierras los caminos, es por el agua y sus corrientes por donde vas avanzando y esta vez no te me escaparas, me lo prometo y te lo prometo maldito desconocido, porque yo también voy dando zancadas sobre los rápidos del rio, ya verás cuando te atrape.

7.12.11

Andrés Lee González nos habla de Manuel Antonio Noriega

Si quiere apreciar mejor el video ponga pausa al reproductor musical que está a la mano izquierda.

Esta es una entrevista al buhonero Andrés Lee Rodríguez quien nos habla sobre Manuel Antonio Noriega.

¿Podrías vivir sin drogas legales?*

*Esta es una traducción propia al español del artículo Você consegue viver sem drogas legais? de la escritora Eliane Brum y que fue publicado en la edición virtual de la revista Época el 5 de diciembre de 2011.
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 Pedro –el nombre es ficticio porque no quiere ser identificado– es un sujeto de 40 años, que adora su trabajo y que es reconocido por lo que hace. Está casado con una mujer que lo ama y admira, con quien tiene afinidad y largas conversaciones. Juntando sus fondos de garantía salarial y algunos otros ingresos, compraron un apartamento hace algunos años y lo terminaron de pagar en menos de un año. Este es el segundo matrimonio de él, y la convivencia con sus dos hijos del primer matrimonio es constante y se caracteriza por el afecto. Al contrario de lo acostumbrado en estos casos, la relación con su ex mujer es amistosa. Pedro tiene varios buenos amigos, más de los que un hombre puede desear, considera él, pues encontrar uno o dos buenos amigos en la vida ya es bastante, y el encontró por lo menos diez amigos con quien puede contar en los momentos difíciles. La vida de Pedro tiene sentido porque él creo ese sentido para ella.

Excelente. Él podría ser el personaje de una de aquellas historias sobre éxito, felicidad y bienestar. Pero hay algo extraño sucediendo. Algo que por lo menos para Pedro es extraño. Hace dos años Pedro toma Lexapro (antidepresivo), Rivotril (ansiolítico, tranquilizante) y Stilnox (Hipnótico, inductor del sueño). Doy los nombres de los medicamentos porque los fármacos ya son tan populares que se habla de ellos como se habla de marcas de gelatina o tipos de pan. Y el hecho de que nombres tan raros estén en boca de todos, algo quiere decir sobre nuestro tiempo.

Pedro cuenta que la primera vez que tomó antidepresivos, años atrás, fue al perder a una persona de la familia. El dolor de la pérdida lo paralizó. No podía trabajar. Quería estar tranquilo, en casa, preferiblemente sin hablar con nadie. Ni con su mujer, ni con sus hijos. Pedro sólo quería estar “hacia dentro”. Y cuando salía de casa, sentía un miedo irracional, sentía que algo podría ocurrirle, como un accidente automovilístico, que lo asaltaran o que una bala perdida le hiriera. Él mismo le solicitó a una amiga que trabajaba en el área, una recomendación para ver a un buen siquiatra. Pedro sentía que había tocado fondo, pero temía caer en manos de algún charlatán de esos que recetan fármacos como si fuesen aspirinas y que cree que todo problema humano es una mala disfunción química del cerebro.

El siquiatra era serio y competente. Él le dijo a Pedro que no creyera que era un depresivo o que padeciera del Síndrome de Pánico, solamente, estaba en un momento de luto. Necesitaba de tiempo para sufrir, para aceptar la pérdida. El siquiatra recetó a Pedro un antidepresivo para ayudarlo a salir de la parálisis, pues el paciente insistía en que debía trabajar. La licencia en caso de luto –dos (!!!!) días según la legislación laboral– ya había sido extendida por un jefe comprensivo. Por ser Pedro bueno en lo que hace, recibió el privilegio de dos semanas de descanso para recuperarse de la pérdida de una de las personas más importantes en su vida. Pero no quería fracasar ante estos hechos. Y no fracasó. Con ayuda del antidepresivo y después de algunas semanas, volvió a producir con la misma calidad que antes. Tres meses después de la muerte de quien amaba Pedro volvió a ser un profesional brillante.

Pedro tomó el antidepresivo cerca de un año, bajo observación médica rigurosa y consultas mensuales. Como aquello no le agradaba, pidió al siquiatra dejar de tomar el medicamento. El siquiatra aceptó y Pedro fue disminuyendo la dosis del medicamento hasta cesar por completo la medicación. Permaneció así más o menos un año y medio.

En este tiempo, Pedro se volvió mucho más creativo. Aumentó el número de horas de trabajo, que de por sí eran muchas, porque se sentía fuerte. Pedro multiplicó su éxito que siempre fue medido no por el dinero, sino por la pasión. Sentía que todo iba muy bien, hasta que empezó a tener insomnio. Pedro dormía y se levantaba sobresaltado, sin poder dormir de nuevo. Pensamientos terribles pasaban por su mente. Pedro pensaba que perdería el éxito, que no tendría la posibilidad de hacer las cosas que quería hacer y a la vez, temía morir de repente. Las noches de Pedro se llenaron de catástrofes imaginarias, más bien reales para él. Y cada vez que salía de casa en las mañanas, volvía a tener ese miedo de ser alcanzado por alguna fatalidad, por algo que estuviera fuera de su control.

Unas semanas después del inicio del insomnio, Pedro volvió a sentir la parálisis. No podía trabajar –y este, para Pedro, era el mayor de los pesares reales–. Volvió al consultorio siquiátrico y desde hace dos años toma los tres medicamentos citados. Pedro, que siempre había visto con desconfianza la despensa de los sicofármacos, comenzó a sentir la necesidad de ellos como algo natural para enfrentar los días y también las noches “¿qué hay de malo en tomar una píldora para dormir?” decía a su mujer cuando ella lo cuestionaba “¿O un tranquilizante para manejar la tensión? ¿O 15 mg de antidepresivo para quitarse las ganas de tirarse en el sofá a mirar hacia dentro?” su mujer cuenta que Pedro se parecía al Capitán Nascimento en “Tropa de Elite” tomando comprimidos en el baño y diciendo a su esposa “Aquí no hay ningún problema. Todo el mundo hace eso. No tengo ningún problema”.

En 2011 Pedro tuvo momentos en que sentía que todo estaba bien. Y si para que todo siguiera bien era preciso tomar algunas píldoras, no había ningún problema. Pedro tal vez nunca haya producido tanto como en este año y por ello hasta ganó un aumento salarial sin solicitarlo. Pero a veces, no con mucha frecuencia, él se sorprendía al pensar que con esa rutina estaba perdiendo su vida en alguna proporción. Pedro no tenía el mismo deseo que antes por su mujer, el sexo pasó a ser algo secundario en su vida. No sentía deseo de hacerlo con su mujer ni con ninguna otra “efecto colateral del antidepresivo” decía con resignación.

Pedro trabajaba tanto que había reducido las idas al cine, las reuniones con los amigos y la pila de libros junto a la cama seguía en el mismo lugar. Él también había perdido el interés por los viajes de turismo con la familia, pues estaba muy ocupado con sus proyectos profesionales. Pedro poco a poco fue constatando que sus momentos de ocio eran cada vez más escasos. Y aunque el trabajo le diera mucha satisfacción, sentía que había eliminado los pequeños placeres de su cotidianeidad. A mediados de septiembre, Pedro comenzó a sentir una difusa nostalgia de él mismo que ya no podía ignorar.

“lentamente empecé a percibir que no podía mantener mi vida con tanta medicación. Lo había aceptado como buena parte de las personas que conozco y que toman ese tipo de medicamentos.” cuenta “yo sólo consigo hacer todo lo que hago porque tengo esa especie de anabolizante, porque estoy bombardeado síquicamente. Vivo muchas experiencias todo el día y no tengo tiempo para asimilarlas, así como no tuve tiempo de asimilar el luto. Es una vida vertiginosa, pero es una vida que no siento. A veces tengo experiencias maravillosas, pero en las siguientes semanas, o en la misma semana, no las recuerdo, porque otras experiencias se superponen a ellas. Y sé que sólo duermo porque tomo píldoras, sólo me despierto porque tomo píldoras, sólo soporto ese ritmo porque engullo píldoras. Hasta hace poco tiempo atrás, yo sentía que todo estaba bien, entonces pensé que me quedaría tomando pastillas por el resto de mi vida. En vez de cambiar mi rutina para que fuera llevadera, sobre pasé mis límites porque sabía que contaría con los medicamentos y si volvía a caer, sólo bastaría con aumentar la dosis. Me volví una ecuación: Pedro + medicamentos. Pero hace poco comencé a sentir que no quería esa vida para mí. Hay algo mal cuando la vida que inventaste para ti sólo es posible porque tomas tres comprimidos diferentes para poder vivirla. Y tal vez de aquí a poco tiempo estaré tomando viagra para sentir deseo por la mujer que amo. Eso a los 40 años. Y con el tiempo los efectos colaterales de ese medicamento van a causar con la prolongación de uso, enfermedades y dolencias en otras partes de mi cuerpo. Yo sé que mucha gente como yo ya se habituó a creer que es normal vivir a punta de píldoras. Pero, si te detienes a pensarlo, eso es una locura. Eso sí es una enfermedad. Y los médicos nos están manteniendo enfermos, pero productivos, usando los remedios para ajustar la máquina a un ritmo que la maquina sólo podrá aguantar hasta cierto tiempo. De repente percibí que yo era una máquina humana y que estaba usando remedios legales como si fuesen cocaína u otras drogas penalizadas. Y lo más loco es que todo el mundo cree que tengo una vida envidiable y que todo va excelente. Por ser drogas legales, por causa de la popularización de enfermedades como la depresión o el Síndrome de pánico, todo el mundo cree normal que tome píldoras para tener fuerzas para salir de la cama en la mañana y píldoras para conciliar el sueño, para no tener miedo de morir a media noche. De repente me di cuenta que todos estamos locos, comenzando por mí. Locos por creer que esto es normal.”

Con autorización de Pedro, solicité una entrevista con el siquiatra. Un profesional inteligente y serio. Y fue extrañamente honesto. Le pregunté por qué recetaba sicofármacos a gente como Pedro “Porque vivimos en un mundo en el que las personas no tienen tiempo para asimilar qué es ser humano, muchas veces me encuentro con esa situación en el consultorio. Veo allí a la persona pidiéndome antidepresivos porque no puede trabajar, no puede seguir con su vida. Yo sé que no puede trabajar ni seguir con su vida porque su vida se tornó imposible, porque necesita de un tiempo que no tiene para asimilar lo vivido. Es obvio que no es posible, por ejemplo, asimilar el luto o una separación en una semana y seguir adelante como si nada hubiera pasado. Así como no es posible vivir sin dudas, sin tristezas, sin frustraciones. Todas esas sensaciones son humanas, pero el ritmo de nuestra vida eliminó los tiempos para la asimilación. Esa persona no está enferma –es su vida la que lo está al no existir espacios para experimentar esos sentimientos y asimilar qué es ser humano– sólo que esa persona necesita trabajar al día siguiente y producir o si no va a perder el empleo. Entonces le doy un antidepresivo y hago la observación médica necesaria, con sicoterapia para que esa persona pueda hacer algo con su vida y luego parar de tomas los medicamentos. Es un dilema y no ha sido fácil para mí lidiar con eso, pero es en este mundo en el que ejerzo la profesión de siquiatra. Porque la depresión es una verdadera enfermedad, de hecho es muy difícil obtener resultados incluso con los medicamentos actuales. Así como con otras enfermedades síquicas, los resultados con muy lentos – y a veces no hay ningún resultado–. La mayoría de las personas que estamos medicando hoy no están enfermas y por eso el resultado es rápido y parece altamente satisfactorio. Pero estas personas necesitan rendir cuentas en situaciones en que humanamente no podrían rendirlas.”

Pedro, que nunca fue adepto a las famosas metas de año nuevo, esta vez se dispuso una que tal vez sea la más difícil que pueda proponerse: “Estoy reduciendo progresivamente la dosis de los medicamentos y voy a parar de tomarlos en marzo. Mi meta, en 2012 –y tal vez tenga muchos problemas para alcanzarla– es crear una vida posible para mí. Una vida y una rutina que mi cuerpo y mi mente puedan aguantar, una vida en que sea posible aceptar mis límites y lidiar con ellos, una vida en que tenga tiempo para sufrir y asimilar el sufrimiento, y tiempo para disfrutar de las alegrías, de los pequeños placeres y de la compañía de los que amo. Sé que va a tener un costo, sé que voy a perder ciertas cosas, quizá hasta tenga que cambiar de empleo, pero creo que valdrá la pena. No quiero tener más la mente bombardeada, ni ser una máquina obediente. Solamente quiero tener una vida humana.”

Fuerzas para Pedro, fuerzas para nosotros.