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| Caricatura del Diario El Siglo del 30 de Junio del 2011 |
La Universidad era una pocilga de paredes rajadas. Transcurría el año 2016 y los monitores de los salones de informática eran aún de pantallas de fondo negro y letras blancas. Ninguna imagen podía verse, ni videos ni fotos. Los cables y módems habían sido robados por decima vez en el año y sólo la super-computadora de La Colina tenia el servicio post-internet banda ancha de 500000 megabytes por segundo para registrar movimientos y mandar ordenes desde los chips incorporados a cada líder estudiantil de grupos marxistas-leninistas, a cada administrativo, a cada profesor. En La Colina no había paredes rajadas y el aire acondicionado resoplaba como en las morgues para desde allí, mantener la estabilidad y el precario equilibrio de la institución universitaria con comodidad.
Con todo y eso el ambiente estaba acalorado. Pitos, tambores y trompetas de murga seguían a un grupo de estudiantes marxistas-leninistas, administrativos y profesores, al frente de ellos una silla cubierta por una cúpula de vidrio antibalas, al estilo del carro papal, era empujada por algunos cachifos. Dentro de la cúpula y sobre la silla estaba el Rector Magnífico con su rostro de invariable mueca, conectado a venoclisis y a un tanque de oxigeno. Iban paseándose todos por cada una de las oficinas de La Colina. En cada oficina era recibida la murga con gran entusiasmo. Todos aquellos que trabajaban dejaban de hacerlo para unirse al desfile de modo que los puestos de trabajo quedaban vacios. Una persona se encargaba de distribuir pitos entre los que se iban uniendo y otro entregaba cervezas para quien gustara. Ya en el vestíbulo, los esperaba a todos una paila gigantesca en la que se cocinaba una sopa de tripas de puerco, de res y de pollos y el ruido del jolgorio podía escucharse desde cualquier punto de la gigantesca pocilga universitaria.
Todo el mundo hizo silencio para escuchar las palabras del Rector Magnifico, quien tenia que hablar con la ayuda de un aparato que salía de su garganta, pues la parálisis de rostro le impedía mover los labios. Entre otras cosas, el Rector Magnífico dijo sentirse agradecido por el apoyo de sus súbditos, de la importancia de la estabilidad y el equilibrio de la institución universitaria, finalmente habló sobre su interés por reelegirse por sexta vez a fin de mantener esa estabilidad y ese equilibrio de la entidad, recordándoles que todo ello podría peligrar con cualquier otra persona al mando. Confesó además que la tarea sería difícil y que habían muchos retos por afrontar, pero que con la ayuda de toda esa familia universitaria, profesores, administrativos, estudiantes marxistas-leninistas, etc., la universidad seguiría estando a la vanguardia de los tiempos. La sesión de aplausos fue infinita y los ¡Viva el Magnífico! Fueron incontables.
Paradójicamente el Rector murió unos meses después; para ser precisos, un día antes de la elección y profesores, estudiantes marxistas-leninistas y administrativos lloraron, algunos hasta el día siguiente, salían en televisión frente a las urnas votando a lagrima suelta. Los medios cubrieron el evento político hasta bien entrada la noche cuando se tuvieron los resultados preliminares de los conteos de votos que mostraban que el Rector Magnífico le estaba ganando apabulladoramente al candidato opositor.





