4.7.12

Ian Peralta, ejemplo de vida


Décima en torrente de Gallino Zárate.
Cantan:
Ian Peralta "El Galán Macaraqueño"
Richard Rodríguez
Video tomado el sábado 30 de junio de 2012 en la Casa Comunal de San José, Distrito de San Carlos.
Camarógrafo: Joao Quiróz Govea

     Ian Peralta es un niño de siete años, es no vidente y tiene un gran talento para la música típica, tanto con el acordeón como en la décima.
    Próximamente, estaré subiendo un video con una interpretación en el acordeón.

9.5.12

Marraquexe (traducción)

Traducción de la poesía Marraquexe de Natércia Pontes. Para leer el original al portugués, haga click acá
Las dunas me besan calladas
mis cabellos danzan arena, lentos
estoy solo, y atrás de mí una fila india ensayada repite cada gesto
como extraños espejos
mi cuerpo se confunde con el viento
trago arena e insisto en la extraña caminata
estamos perdidos, todos repiten en coro
se acuestan  excitados en la arena caliente
estoy solo
y esas no son dunas, son miradas, oro
agitan sus cabellos y parten, rumbo a Marraquech
la luna canta dulce y vaga, vientre
más allá de las dunas, beso, soy besada, socorro   

2.4.12

Testimonios de la minería en Azuero



     Joaquín Moreno me hablaba tranquilo. Yo cansado y jadeante, la loma me estaba quitando el aire. Pero la entrevista estaba demasiado buena como para dejarme caer al piso y rodar cuesta abajo.

 Locación: La Pitaloza abajo, Corregimiento ubicado en la Provincia de Herrera.
Cámara: Joao Quiróz
Apoyo logístico: Rodney Saavedra

22.3.12

Fóssil - Mocumentário



“Estou só, e atrás de mim uma fila indiana ensaiada repete cada gesto
Como estranhos espelhos
Natércia Pontes
Haciendo click aquí podrás bajar el nuevo álbum de Fóssil, Mocumentário
   Me he pasado la semana entera escuchando a una banda de Brasil –específicamente del Estado de Ceará pero radicados en São Paulo– que  se llama Fóssil. El 19 de marzo, día de San José patrono del Estado de Ceará,  estrenaron su disco Mocumentário[1].
     Vale destacar que no solamente he escuchado el material, pues el archivo en donde viene el álbum trae mucho arte visual, además de las letras de las poesías recitadas en medio de las canciones del disco.
     A través de Mocumentário, Fóssil brinda una excelente propuesta musical llena de matices progresivos y con arreglos muy limpios que dan cuenta del profesionalismo y talento de los músicos. Al escuchar el disco uno llega a pensar que está de viaje; las diferentes canciones por sí solas (y en una que otra con la ayuda de la poesía) van creando imágenes y puede que uno se sienta estar en la playa al atardecer como pasa en la canción Secesso o percibir cierta claustrofobia al escuchar O inventor (que es mi canción favorita del álbum).
      Anímense a bajar el documento, es totalmente gratis, libre de SOPA y si son amantes de la buena música, de seguro les gustará.


[1] Mocumentário: Adaptación al portugués de la palabra  mockumentary, que es un género cinematográfico de ficción con estructura de documental.

21.3.12

¿Taxis piratas o transportistas solidarios?

Ineficiencia. Ninguno de los dos sistemas de transporte público urbano ha logrado cubrir la demanda de la población.

     Como sucede casi siempre por estos lares del mundo, tenemos que volver a discutir los mismos problemas cada cierto tiempo. Nuestra memoria histórica se detiene en las coyunturas y con la misma facilidad las olvida, como si fuera un televisor prendido,  escena por escena en secuencia sin parar. Esta vez de nuevo la persecución contra los “taxis piratas”.
     Ya está el Metrobus andando, según se dijo el sistema sería cómodo, seguro y confiable. Es su eslogan. Lo repiten como papagayos las autoridades y voceros de la compañía MiBus. Lo cierto es que este servicio no ha logrado hasta el momento cubrir la demanda del transporte público en la Ciudad de Panamá y poco a poco van desplazando de las calles a los Diablos Rojos y ya en su totalidad a los buses que prestaban el servicio por los Corredores Norte y Sur conocidos como neveras, lo que implica un problema porque ahora hay menos buses, pero la población de la Ciudad no para de crecer y ese crecimiento necesita movilizarse diariamente.
      Los mal llamados “taxis piratas” están cubriendo una parte de esa demanda diaria de transporte, sobre todo en lugares alejados del centro de la Ciudad donde vive la mayoría de la gente del área metropolitana y por lo cual es mucho más difícil procurarse del transporte público para movilizarse. 24 de diciembre, Tocumen, Juan Díaz (al Este de la Ciudad), Torrijos Carter, Mano de Piedra, Santa Librada (al Norte de la Ciudad), Chorrera, Arraiján (al Oeste de la Ciudad) son algunos lugares desde donde se puede tomar algún “pirata” para desplazarse en la mañana y llegar al trabajo cómodamente, pagando una cuota muchas veces más económica de lo que podría costar tomar un Metrobus o un montón de Diablos Rojos para los trasbordos.
     Si bien esto puede acarrear sus problemas colaterales, hay que decir que los mismos son mínimos al confrontarlos con los beneficios que se obtienen. Tanto se habla de “desarrollo económico”, pero nadie habla de lo que tienen que hacer los ciudadanos para llegar a sus trabajos a tiempo y si tomar un Metrobus por las largas filas que se forman en las paradas se hace imposible,  el empresario (quien al final se lleva el crédito del “desarrollo económico”) no tendrá reparos en  descontar los minutos de la tardanza.
     La persecución contra los transportistas solidarios no tiene ninguna lógica. Aquello es torturar al mensajero, más bien al que escribe el mensaje, porque si existen “taxis piratas” es porque el transporte público (nuevo y viejo) y también el selectivo son ineficientes. Los “piratas” existen porque existen los no voy, porque los buses se llenan a reventar a horas pico, porque montar al Metrobus  implica perder dos dólares en una tarjeta que para acabar se daña y te cobra doble, porque la gente ha perdido la confianza y decide tomar el riesgo de montarse en un “pirata” porque es más cómodo, posiblemente más barato y hasta se siente más seguro tomando ese riesgo.
     Pareciera que la razón de tal persecución no es otra cosa que la manifestación de los intereses creados de la empresa MiBus y otras mafias del transporte que no cortan la calabaza, pero que tampoco prestan el hacha, y la falta de sensibilidad (por no decir otra cosa) de un montón de autoridades gubernamentales que no se bajan de sus Prados del año con escoltas –todo pago con nuestra plata– que corren raudas y veloces hasta en los peores tranques, porque hasta abrirles paso es obligatorio.  

19.3.12

Contando el concierto de Gentleman

Fotos cortesía de  María Gina Cipponeri, encuentrala en twitter: @ginsfloyd
    Llegamos (mi hermano Joalex y yo) y ya estaba tocando Célula, me emocionó mucho ver al Mosh (amigo de la juventud) tocando a la batería. Ciertamente, el man es un mostro, así como toda la banda, en especial el trio de viento, todos se veían muy jóvenes pero lo hacían muy bien. Dicen que es su primer toque y la verdad que qué bien empezaron ¡Sigan así muchachos!. Luego de un rato salió pureza natural, con un show que desde el principio cautivó al público. Imagínese un sujeto disfrazado de astronauta en media  tarima y que de la nada saque una bandera de Panamá. Fue una excelente escena para alunizar.

     En cuanto a la Secta, siempre tengo mis reservas, creo que Cat Boy muchas veces no deja escuchar las canciones por estar gritándolas, sí, porque no las canta, las grita. Además de eso, a pesar de querer asemejarse a un “guía espiritual del reggae” con sus constantes comentarios “críticos”, me parece que a veces no es coherente con sus ideas. Ejemplo, en algún momento empezó a despotricar contra la discriminación, pero luego se refirió a los homosexuales de una manera muy despectiva. Dejemos hasta allí ese punto.

     Los ánimos se caldearon un poco porque desde muy temprano (más o menos desde las 5 de la tarde) la gente estaba esperando a Gentleman, ya estaban dando las 7 y media y no salía y la gente que empieza a gritar, y el Chiqui Dub y el Cat Boy que se ponían nerviosos con la exaltación del público, y el soundcheck alargándose, y la gente seguía gritando y tuvieron que salir Los Evolution para que el público se calmara y Tamika y Mamadee fueron tranquilizando lo ánimos con sus melodiosas voces, recibían la ovación de la fanaticada panameña.

    Luego, salió el Caballero y otra ovación se mezclaba con las notas musicales de la banda y su voz. Humos de todas las esencias y densidades bailando en el vaivén del viento, la gente alegre, qué desorden.

    En un momento Tamika y Mamadee cantaban solas y decidimos regalarles la bandera nacional que habíamos llevado. Un seguridad la pasó y las chicas la recibieron con sendas sonrisas hermosas en los rostros y abrieron el emblema patrio de canto a canto. Otra ovación.

    El concierto iba transcurriendo, la gente en su griterío de pura euforia, muchas chicas pegaditas a la baranda entre el público, los celulares captando en video lo que se pudiera o tomando alguna foto, el humo, la música, alegría. Gentleman interactuaba “We love you Pánama” “this is a beutiful country”, “put high yours hands”, en un momento se acercó al público y tomó un teléfono celular cualquiera y continuó la filmación que estaba haciendo el dueño, se acercó mucho más al público en el propio límite entre la tarima y el gentío.

    Cuando todo se apaga y llega la hora de pedir otra, el público directamente empezó a gritar: Dem gone, Dem Gone, Dem Gone, y los músicos salieron triunfales… Tocaron otras dos canciones nuevas porque según Gentleman quería ofrecer algo más actual. Luego empezaron a sonar las notas con el estilo oriental pero no vino específicamente Dem Gone. Imagínese a Gentleman haciendo un cover de Sizzla, Women I Need You. Así de bueno fue.

Por si fuera poco, luego de Dem Gone salieron nuevamente para ofrecer una buena ñapa al público.

    La verdad la energía y la buena vibra de todos los músicos es de admirar, fueron prácticamente dos horas de concierto con la misma estamina alta; dudo mucho que alguien que haya estado allí pueda tenerles algún reproche, todo lo contrario, hicieron su trabajo con una maestría inigualable.

Fallos en la organización del concierto:

- El desorden para entrar. A pesar de que se había dicho que las puertas del Plaza Figali abrirían desde la 1:00, solamente se dejó entrar a la gente como a eso de las 3:00. La fila era larguísima y no había control contra los colones.

- Exclusividad de la cerveza. Creo que al final el consumidor es quien tiene que elegir, aquello de hacer contratos de exclusividad en un tipo de eventos de ese tamaño causa descontento entre los consumidores. Además la Coors Light es una cerveza muy muy mala, como la mayoría de las cervezas gringas: simple y sin cuerpo. Ni siquiera vale lo que estaban cobrando, los exorbitantes 3.50. Definitivamente el ánimo de lucro estaba a la orden del día. Ojo con el desplazamiento del mercado de las cervezas nacionales como ya pasó en Puerto Rico.

- Los bailarines. Lo siento, pero creo que se equivocaron de evento. Quizá si hubiera sido Dadi Yanki o algún reguetonero el artista principal hubieran sido la sensación, pero sinceramente parecía como si se hubieran equivocado de lugar y de momento.

- A la salida. Para salir fue lo mismo que para entrar, toda una odisea porque solamente había una salida y para acabar, por un túnel totalmente oscuro, ¿Qué hubiera pasado en casos de emergencia?

Aciertos en la organización del concierto:

- Traer Gentleman. No hay duda que la botaron.

- Bajar los precios de los boletos. Los precios de las entradas estaban muy accesibles, aunque hay que decir que hace algunos días atrás, no lo estaba.

- La seguridad. Incluso Gentleman dijo “this is a nice security”.



16.3.12

El noble arte de darse con los nudillos

Como en "El Club de la Pelea" de David Fincher, las peleas son simples y hermosas, es la manifestación más organizada de la anarquía y el honor.


     “El Flaco serviría de árbitro y se interpuso entre los dos, con la mano estirada al frente.
      –El que pega primero  mienta madre.
     Benedicto dejó caer la mano abierta sobre el dorso de la mano de Flaco, en señal de que mentaba madre, y se lanzó adelante. El puño cerrado rozó la oreja de Ricardo, enrojeciéndola.”
Del libro “Peccata Minuta”, Salón de clases, Pedro Rivera

   Debo confesar que siempre me gustó aquello de irme a los puños, aunque pocas veces lo provoqué. Nunca le negué un duelo de manos a algún condiscípulo o vecino, mucho menos me quedé pegado o insultado sin que el otro se llevara su par de jabs en el hígado, porque siempre buscaba las partes medias para sacar el aire, cansarlo rápido y no lastimarle el rostro, ¿pero qué iba a hacer uno si en medio del jaloneo te reventaban la boca? La furia te calienta el estómago y ese calor va recorriendo todo el cuerpo en cuestión de segundos partidos por la mitad y ver el rojo sangriento es mejor energizante que tomarse tres reds bulls seguidas.
    Habrá quien no me entienda o estará diciendo que soy un ser violento, un sicópata. Es su derecho pensarlo, como es mi derecho creer que Usted (quien piensa de esa manera) no tuvo infancia, no fue a la escuela, no salió a jugar fútbol a otro barrio, nunca hizo nada en su vida ni lo hace ahora, o al otro extremo, fue el punching bag del grupo, el sumiso que se aguantaba los insultos y los golpes sin decir ni esta boca es mía, en buen panameño, fue Usted manso congo y lo más probable es que lo siga siendo.
    En nuestros tiempos irnos a los nudillos era un mecanismo de resolución de conflictos, el primero al que recurríamos después de las controversias, el segundo y el tercero también. No había semana que no hubiera  uno o dos fightings en la escuela, muchas veces hasta los mismos profesores sabían y no decían nada al comité de disciplina, y pobre del compañero que dijera algo; ese quedaba relegado, se convertía en un sapo. Delatar un duelo implicaba perder el honor, una regla no escrita pero cumplida a sangre y fuego decía que aquel individuo sería ignorado por todos por varias semanas, era el error más bajo entre todos los errores irle con el chisme a algún profesor.
    Sin embargo los púgiles al día siguiente (a veces horas después) del asalto volvían a hablarse tranquilamente, jugaban pechito y quedaban en el mismo team en la birria de fútbol o de básquet en la hora de educación física, todo volvía a su normal curso hasta que hubiera otra controversia, una mentada de madre o una broma de mal gusto ya vas a ver a la salida como te voy a dar mongo y sonaba la campana.  
     En el barrio irse a los puños era más espontaneo, en medio del juego de fútbol una patada bien dada o simplemente mal interpretada, podía comenzar todo con la misma facilidad con que terminaba, los otros laopecillos cerraban el círculo hasta que los dos se sacaran la madre y la hermana, tanto así que quedaban respirando por la boca como si quisieran tragarse el oxígeno entero del Corregimiento de Juan Díaz, por eso después toda la gallada se iba a la tienda, a veces algún lambón le pagaba la soda al ganador, pero el perdedor, como siempre, tenía que llevar su plata.
     Irse a los puños ya es cuestión de otros tiempos, una costumbre que casi no ponen en práctica las nuevas generaciones. Cuando me pongo a recordar todas estas cosas quedo pensando en la cantidad de niños y jóvenes que hubieran salvado su vida si en vez de sacarse cuchillos y armas de fuego, se hubieran dado puños hasta cansarse. Ya no hay peleas cada semana en la escuela, pero en las noticias salen los apuñaleados de los planteles en las respectivas camillas, cosidos por las agujas de venoclisis y en el peor de los casos empiezan los tiroteos en las canchas de fútbol y más de uno, que para joder puede que ni hubiera estado metido en la cuestión, queda perjudicado.
    Lo mejor de aquellos tiempos nuestros es que podías embolillarte  hasta pelarte los nudillos, reventarte las cejas, hincharte las manos como en el cuento que Cortázar “Las manos que crecen”, podías revolcarte por el suelo y romperte el sueter entre todo el jaleo, pero nunca nadie se atrevió a sacar ni un cortaúñas, mucho menos un arma de fuego. Toda la adrenalina se nos iba entre los golpes, nos quitábamos las cosquillas y seguíamos adelante como pequeños caballeros.

El Reto - Rubén Blades  


7.3.12

Joaquín Beleño - Curundú (1956)

  
 

    El link que está arriba contiene una joya de la literatura nacional que no encontrarán en ninguna parte a menos que vayan a la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero. Se trata de la Novela titulada Curundú del escritor Joaquín Beleño, ganadora del premio Ricardo Miró en 1956.
    Me tomé la molestia de digitalizar la obra entera y convertirla a PDF, todo esto con la finalidad de que esta obra no quede sepultada bajo el olvido, ese alud desdeñoso que va cubriendo, incluso prematuramente, tantas cosas hermosas en nuestro país.
    Les pido encarecidamente que compartan esta obra con otras personas que pudieran tener interés en su lectura.
    Si acaso les gustó esta iniciativa háganmelo saber para seguir digitalizando obras de este tipo.

5.3.12

En el campamento Ngäbe: Nicolasa Jiménez


     Nicolasa Jiménez, Representante del Corregimiento de Cerro Caña en la Comarca Ngäbe nos habla sobre la lucha por la vida que lleva este pueblo contra grandes emporios económicos, que con el beneplácito de autoridades gubernamentales, quieren desarrollar (y están desarrollando, como ejemplo: la hidroeléctrica de Barro Blanco) proyectos de mineros e hidroeléctricos dentro de esta región sin contar con la aprobación de la comunidad Ngäbe.
    La dirigente aprovecha la ocasión para agradecer el apoyo de diferentes agrupaciones y personas naturales en esta lucha.
    Exhortamos a visitar el campamento Ngäbe ubicado en La Plaza 5 de Mayo (Junto a la Asamblea Nacional de diputados) como una muestra de solidaridad para con quienes además de luchar por los derechos de su pueblo, sino también por la preservación de la riqueza natural de Panamá. Además pueden llevar algún alimento seco o brindar su aporte económico para que el campamento sea sostenible.

4.3.12

En el campamento Ngäbe: El pequeño Ramiro




     El pequeño Ramiro tiene 5 meses de nacido y uno de lucha por su pueblo. Llegó al campamento Ngäbe de La Plaza 5 de Mayo (Plaza Legislativa) desde hace un mes, para junto con su familia apoyar la lucha por sus vidas, sus hogares y su cultura, es decir la lucha contra las mineras e hidroeléctricas que gigantescos consorcios económicos con el beneplácito de autoridades gubernamentales pretenden construir no sólo dentro del territorio Ngäbe, sino en todo Panamá.
     Se aconseja a quienes vean este video que vayan a dar una visita al campamento como muestra de solidaridad para con el pueblo Ngäbe, mejor aún, llevar alguna contribución, quizá una lata de leche en polvo para Ramiro o alimentos secos. 

17.2.12

Gracias, mil gracias





 
     El domingo pasado estuve por el Mercado de Pulgas de San Felipe. Esta vez no compré nada, de hecho fui a vender cosas y entre esas, mi libro Enmiendas ( cuentos coyunturales ). Sentí por primera vez la emoción de vender un libro propio, que es algo así como cuando sueltas a un ave, lo alimentaste, le diste cariño y le tomaste cariño, luego sentiste que había llegado el momento de que se fuera volando y abriste la jaula… Da nostalgia ciertamente, porque uno no sabe qué rumbo tomará, pero bueno espero que se vayan lejos todos aquellos libros vendidos, que aunque fueron pocos, los lean varios, que por allí anden sin detenerse en un librero.
    
     Quiero agradecer mil veces a Atenas Garrido Vianna quien hizo todo el diseño del libro, mil veces más a quienes creyeron en la idea y otras mil veces a quienes se fueron hasta allá a San Felipe para comprar el librito.

    Todavía el libro está a la venta, si quieres un ejemplar comunícate conmigo al cel. 6666-4225 o al email mediocerrado@gmail.com .

Señor Loop - Insensato - Festival Verde de Cultura Musical 2012


Señor Loop en el Festival Verde de Cultura Musical 2012.
Panamá, Ciudad del Saber 11/febrero/2012.

8.2.12

Enmiendas (cuentos coyunturales)



  Esta vez tengo el placer de invitarte al Mercado de las pulgas en San Felipe el domingo 12 de febrero desde las 11:00 a.m. ¿El motivo? Estaré vendiendo un librito en el que he estado trabajando con la ayuda de mi compañera Atenas Garrido Vianna, titulado Enmiendas (cuentos coyunturales),  el costo del libro es de B/.4.50.                     
    Espero puedas ayudarme en esta aventura literaria y si no puedes ir y quieres que te guarde un ejemplar, puedes comunicármelo al teléfono: 6666-4225, al e-mail: mediocerrado@gmail.com o al twitter @mediocerrado.

¡Te agradezco difundas este mensaje!

6.2.12

La 9mm en el imaginario popular

Fotos tomadas de Eliezer Oses publicadas en la edición del 6 de febrero de 2012 en el diario La Estrella de Panamá

    Un hombre muere en las protestas. Testigos dicen que de un tiro. Otros tienen evidencias de casquillos de 9mm. Las enseñan en las pantallas. Frente a cámaras de televisión. Ministro niega todo uso de armas de fuego en protestas. Alega que las 9mm no son armas de reglamento policial. Llama mentirosos a los que han hablado de casquillos de este tipo de armas de guerra. Ministro sostiene cara de sarcasmo burlesco mientras dice todo esto en cadena nacional. Su grotesco peinado –black-and-white-pepelepú-style– lo sostiene un fijador muy caro que compró en Italia con dinero de cuestionables fuentes. Uno puede imaginar cosas entre tanta incertidumbre. Pero hay radares que lo indican.
    Al día siguiente en los periódicos salen tres fotos. 1- Policía con 9mm en la mano. 2- Policía que dispara la 9mm. 3- Policía que guarda 9mm entre el pantalón y la cintura. Las leyendas de las fotos deberían decir: Nótese que policía no guardó arma en cartuchera. O, policía no utiliza arma de reglamento. Pero los diarios deben ser imparciales. Uno puede imaginar cosas dadas las circunstancias. Entre ellas, leyendas de periódicos. Cuando menos hoy el periódico sacó las fotos. Pedir más, demasiado.
    Otro día que pasa. Temprano en la mañana. Ministro sale con rostro de mediana pena. ( jamás siente una inmensa pena ). ( su insensibilidad tan rígida como su peinado ). Dice Ministro que tienen plenamente identificado a policía de las fotos. Ministro que guarda silencio acerca de 9mm. Ministro nunca queda mal. Aunque Ministro dio órdenes claras. Procuren que no se vean las 9mm´s. Uno puede imaginar cosas cuando hay tantas mentiras.

4.2.12

Derecho de Autor nuevamente


*Traducción al español de Joao Quiróz Govea del artículo Direito autoral novamente del autor brasileño Hermano Vianna.

Solo hay creatividad a partir del dominio público, de la libre circulación de las ideas.

     Derecho autoral: procuro no escribir esas dos palabras por aquí, para no ser acusado de columnista de un solo tema. Avanzo poco: La realidad vive provocándome con SOPAs, ACTAs y otras imbecilidades. Esos proyectos de ley parten del siguiente presupuesto: la industria de la piratería está a punto de dominar el mundo; para combatir esa amenaza, necesitamos de urgentes medidas de excepción, de guerra (por eso su propaganda intenta hacernos creer  que “la piratería financia el terrorismo”). Entonces, por “cuestiones de seguridad nacional” o “para salvar empleos”, gobiernos –de forma poco transparente– quieren aprobar artificios policiacos que puedan determinar súbitamente el cierre de servicios de internet o de encarcelar personas, antes que tengan posibilidad de defensa (la SOPA, por ejemplo, obligaría a los acusados a interponer recursos en tribunales americanos, pagando los costos de abogados americanos).  
   No estoy aquí para defender a los piratas. Sé que la piratería, cuando es piratería, tiene que ser combatida. Sin embargo, no veo razón para crear esas leyes especiales para su combate, sobretodo si ponen libertades básicas de la democracia en riesgo.
    Nadie conoce con certeza el tamaño del poder de la piratería. Los números que periódicos a favor del endurecimiento de estas leyes insisten en repetir (¡250 billones de dólares anuales! ¡750 mil empleos menos!), son muy sospechosos: no se sabe de dónde surgieron, en qué estudios están basados o cuál es la metodología usada en los estudios (generalmente financiados por agentes de la industria que dicen ser víctimas de la piratería). Más allá de declaraciones cuestionables como las de Neil Young (que dijo esta semana que “la piratería es la nueva radio”), he leído varios artículos que revelan otra situación, donde el impacto de la piratería no seria tan grande como afirman los autores de las nuevas leyes (muchas veces abogando por los intereses de quien les donó dinero para sus campañas).
   Julian Sanchez, investigador del CATO Institute (think tank “dedicado a los principios de libertad individual, gobiernos limitados, mercados libres y paz” –por tanto nada comunista–), publicó recientemente un documento (http://bit.ly/yCqu7d) mostrando que, en medio de la recesión actual, a decir verdad, las industrias de contenidos están bastante bien, generando empleos y productos, si son comparadas con otros sectores económicos. Confrontando números, con varias interpretaciones, lo que prueba que nada es tan evidente, y  que no hay necesidad de legislaciones draconianas para salvarnos (nosotros, defensores del estado de derecho) de una supuesta barbarie inminente.
    En lugar de gastar dinero (muchas veces público) y perder su credibilidad luchando contra el chivo expiatorio de la piratería (todos en el fondo saben: medidas como la SOPA no va a conseguir eliminarla), la industria de contenidos podría trabajar aprovechando las enormes oportunidades que la cultura digital creó para la producción cultural planetaria. La Casa Blanca, manejó lo de la SOPA mediáticamente (pensando en la reelección de Obama), intentando desviar el problema, convocando a los usuarios del internet a presentar soluciones. Nat Torkington, pionero de la web en Nueva Zelandia, respondió en el “O´Reilly Radar”: “Inventamos la internet, la web, el MP3, el MP4, el wi-fi, el comercio electrónico, el PayPal, etc. ¿Qué más quieren ustedes de nosotros? Ahora es el momento de que las industrias de contenidos gasten algunas neuronas para continuar vigentes  en el admirable nuevo mundo. ¡Que se vayan a investigar!.”    
    ¿Pero qué hacen estas industrias más allá de amenazarnos con prisión si continuamos hasta colocando links en nuestros blogs hacia sitios donde podría haber piratería? Mike Loukides, también en el “O´Reilly Radar”, replicó “Piratas son ustedes, que hacen lobby fraudulento para aprobar en el Congreso legislaciones que privatizan el dominio público, robando beneficios que podrían ser de todos. Muchas empresas de contenidos degradan el dominio público, así como las siderúrgicas contaminan el aire y el agua, también bienes comunes.” Deben ser penalizadas y no apoyadas con nuevas leyes.
    En el artículo sobre el éxito de Michel Teló, escribí que el dominio público es destino inevitable para la totalidad de la creatividad humana. Eso no es novedad de la cultura digital. Siempre fue así. Sólo hay creatividad a partir del dominio público, en la libre circulación de las ideas. Estoy en este punto totalmente de acuerdo con los pensadores que crearon las primeras legislaciones del derecho de autor, como Thomas Jefferson, uno de los padres de la democracia americana. Ninguno de ellos equiparaba bien material y bien inmaterial o creía que los autores son propietarios eternos de sus creaciones artísticas. Las creaciones artísticas son propiedad de la Humanidad. Cuando surgió la idea del derecho de autor, la sociedad apenas concedió para los autores, el monopolio temporal de utilización comercial de las obras de su autoría, teniendo en cuenta que pueden procurarse de un confort material que les permita la creación de otras obras, que en el futuro van a enriquecer el patrimonio común.
     Siempre fue así: el monopolio de comercialización es temporal. Pues la idea es siempre creada a partir de la idea de otros. Y la idea es diferente al objeto material. Usted no puede tener mi carro. Pero puede cantar la misma música que estoy cantando, en el momento en que canto esa música. Usted puede prohibirme cantarla, pero no puede sacarla de mi memoria, o de la memoria colectiva. Recuérdese de eso. Voy a comenzar mi próximo artículo desde ese lugar común.    

31.1.12

Biruta*



*Cuento de la escritora brasileña Lygia Fagundes Telles extraído del libro Venha ver o pôr do sol, traducido al español por Joao Quiróz Govea. Haciendo click aquí podrás leer el original en portugués.

      Alonso fue al portal cargando una palangana llena trastes sucios. Caminaba con dificultad, intentando equilibrar la palangana que era demasiado pesada para sus bracitos delgados.
      –¡Biruta! ¡Hey, Biruta! – llamó sin darse la vuelta. El perro salió del garaje. Era pequeñito y blanco, tenía una oreja parada y la otra completamente caída.
      –Siéntate allí Biruta, que vamos a tener una conversación– dijo Alonso poniendo la palangana al lado el tanque. Se arrodilló, se dobló las mangas de la camisa y  comenzó a lavar los platos.
     Biruta se sentó muy atento, inclinando interrogativamente la cabeza ora para la derecha, ora para la izquierda, como si quisiera comprender mejor las palabras de su dueño. La oreja caída se irguió un poco, mientras levantaba la otra, aguda y recta. Entre ellas se formaron dos arrugas, propias de una frente fruncida en el esfuerzo de la meditación.
    –Leduína dice que entraste en el cuarto de ella– comenzó el niño en un tono suave– y subiste a la cama y babeaste las sábanas y mordiste una cartera de cuero que ella tenía allá. La cartera estaba medio vieja y ella no le dio mucha importancia. Pero si fuera una cartera nueva ¡Biruta! ¡Si fuese una cartera nueva! ¿¡Dime lo que iba a pasar si hubiera sido una cartera nueva!? Leduína te daba una paliza y yo no podía hacer nada, como aquella vez que reventaste los flecos de la cortina, ¿Recuerdas? Te acuerdas bien, verdad, ¡No vengas a poner esa cara de inocente!...
     Biruta se acostó, metió el hocico entre las patas y bajó la oreja. Ahora, ambas orejas estaban al mismo nivel, marchitas, las puntas casi tocando el piso. Su mirada interrogativa parecía preguntar: “¿Pero qué fue lo que hice, Alonso? No recuerdo nada.”
     –¡Recuérdalo! Y no vengas a poner esa cara de enfermo, que no te creo ¿¡Oíste!? ¿¡Oíste Biruta!?– Repitió Alonso lavando furiosamente los platos. Con un gesto irritado, dobló las mangas que ya se resbalaban sobre las muñecas delgadas. Sacudió las manos llenas de espuma. Tenía las manos de viejo.
     –Alonso, ¡Termina rápido con esos platos! – gritó Leduína, asomándose por un momento en la ventana de la cocina. –Ya está oscureciendo, ¡Tengo que salir!
      –Ya voy– respondió el niño mientras sacaba el agua de la palangana. Se volteó hacia el perro. Y su rostro pálido se llenó de tristeza. ¿Por qué Biruta no se enmendaba, por qué? ¿Por qué no se esforzaba  un poco en mejorar? Doña Zulu ya estaba enojada,  Leduína también, Biruta hacía esto, Biruta hacía aquello…
      Se acordó del día en que el perro entró a la refrigeradora y sacó una carne. Leduína enfureció, venían las visitas para la cena, necesitaban llenar las empanadas “Alonso, ¿No sabes dónde dejé la carne?” Se estremeció ¡Biruta! Sigilosamente fue al garaje al fondo del jardín, donde dormía con el perro en un viejo colchón metido en un ángulo de la pared. Biruta estaba allí, acostado encima de la almohada, con el pedazo de carne entre las patas, comiendo   tranquilamente. Alonso le quitó el pedazo de carne, la guardó dentro de la camisa y volvió a la cocina. Se detuvo en la puerta al escuchar a Leduína quejarse con doña Zulu, la carne desapareció, se aproximaba la hora de la cena y la carnicería ya estaba cerrada, “!¿Qué hago doña Zulu?!”
     Ambas estaban en la sala. Podía ver a la patrona peinar frenéticamente los cabellos. Entonces sacó la carne de adentro de la camisa, acomodó el papel todo roto que la envolvía y entró con el pedazo de carne en la mano.
    –Está aquí, Leduína.
    –¡Pero falta un pedazo!
    –Ese pedazo lo cogí  para mí. Tenía ganas de comer bistec y aproveché cuando te fuiste para la tienda.
     –¿Pero por qué no escondiste el resto? – preguntó la patrona aproximándose.
     –Porque me dio miedo.
     Tenía bien vivo en la memoria el dolor que sentiría en las manos valientemente abiertas para recibir los golpes de la escoba. Lagrimas salieron de sus ojos. Los dedos fueron poniéndose morados, pero ella continuaba pegándole con el mismo vigor obstinado con que peinaba los cabellos, pegándole, pegándole como si no pudiera parar nunca más.
       –¡Atrevido! ¡Te voy a mandar de vuelta al orfanato! ¡Ladronzuelo!
     Cuando volvió al garaje, Biruta estaba allí, las dos orejas caídas, el hocico entre las patas, parpadeando, parpadeando con sus ojos tiernos “Biruta, Biruta, me dieron por culpa tuya, pero no te sientas mal, no te sientas mal.”
     Biruta soltó un gañido triste. Le lamió las lágrimas. Le lamió las manos.
     Eso había pasado hace dos semanas. Y ahora Biruta había mordido la cartera de LeduÍna ¿Y si la cartera fuese de doña Zulu?
    –¿Ah, Biruta? ¿Y si la cartera fuese de doña Zulu?
     Ya desinteresado, Biruta mordía una hoja seca.
     –¿Por qué no rompes mis cosas?– prosiguió el niño elevando la voz. –Tú sabes que puedes morder  todas mis cosas, ¿No lo sabes acaso? Pues ahora no te doy regalo de navidad, está decidido. Ya veré si te doy alguna cosa ¡Ya verás!
     Giró sobre los tobillos, dando la espalda al perro. Refunfuñaba mientras apilaba los platos en la palangana. Luego, se calló, esperando cualquier reacción del perro. Como la reacción tardó, le lanzó una mirada furtiva. Biruta dormía profundamente.
Alonso entonces sonrió. Biruta era como un bebé. ¿Por qué no entendían eso? No hacía nada de maldad, sólo quería jugar… ¿Por qué doña Zulu le tenía rabia? Él sólo quería jugar, como los bebés. ¿Por qué doña Zulu le tenía tanta rabia a los bebés?
     Una expresión desolada transfiguró el rostro del niño “¿Por qué doña Zulu tenía que ser así? El doctor es bueno, digo, nunca le importó ni conmigo ni contigo, es como si no existiéramos. Leduína tiene esas maneras de ella, pero ya me protegió dos veces. Pero doña Zulu no entiende que eres como un bebé. Hay Biruta, Biruta, crece rápido ¡Por el amor de Dios! Crece rápido y quédate tranquilo, con bastante pelo y las dos orejas paradas, vas a quedar lindo cuando crezcas, ¡Lo sé Biruta!”
     –¡Alonso!– era la voz de Leduína.    –Deje de hablar solo y traiga esa palangana. Ya está anocheciendo.
     –Deja de dormir, ¡Vagabundo! – dijo Alonso echando agua en el hocico del perro.
     Biruta Abrió los ojos, soltó un gañido y se levantó, estirando las patas delanteras en un largo desperezar.
     El niño equilibró penosamente la palangana en la cabeza. Biruta le seguía a saltos, mordiéndole los tobillos, halando con los dientes un canto del delantal.   
–¡Aprovecha bandido! – Alonso reía. –Aprovecha que estoy con las manos ocupadas, ¡Aprovecha!
     Colocó la palangana en la mesa, se inclinó para agarrar al perro. Pero Biruta le esquivó, ladrando. El niño se dobló de la risa.
     –Leduína, ¡Asusté a Biruta!...
     La empleada se puso a guardar los platos rápidamente. Le pasó una cacerola con papas:
     –Allí tienes tu cena. Todavía hay arroz y carne en el horno.
    –¿Voy a cenar solo? –Dijo Alonso sorprendido cargando la cacerola.
    –Hoy es navidad. Ellos van a comer afuera, yo también tengo mi fiesta. Vas a cenar solo.
    –Alonso se inclinó. Mirando pensativo hacia debajo de la estufa. Dos ojitos brillaban en la oscuridad. Biruta estaba allí. Alonso suspiró. ¡Era tan bueno cuando Biruta decidía sentarse! Mejor todavía cuando dormía. Tenía entonces total certeza de que nada estaba pasando. La tranquilidad. Se dirigió a Leduína.
    –¿Qué le va a regalar a su hijo?
    –Un caballito– dijo la mujer. Su voz se suavizó. –Cuando él se despierta en la mañana, va encontrar un caballito dentro del zapato. Se la pasaba diciéndome que quería un caballito, que quería un caballito…
     –Alonso tomó una papa cocida, todavía tibia. La sostuvo entre las manos.
     –Allá en el orfanato, en navidad, aparecían unas muchachas con unas bolsas con pelotas y ropa. Había una que me conocía, siempre me daba dos paquetes en lugar de uno. La madrina. Un día, me dio zapatos, un suéter con bolsillos y una camisa.
    –¿Por qué no se quedó contigo? Ella me dijo una vez que me iba a llevar, ella lo dijo. Después, no sé por qué no apareció más…
    Dejó caer en la cacerola la papa fría. Y quedó en silencio, las manos abiertas alrededor de la olla. Abrió sus ojos. Irradiaron al rostro de una expresión dura. Dos años seguidos esperó por ella. ¿No era que había prometido llevárselo? ¿No era así? No sabía ni su nombre, no sabía nada al respecto de ella, era solamente “la madrina”. Inútilmente la buscaba entre las muchachas que aparecían al fin de año con los paquetes de regalos. Inútilmente cantaba más alto que todos al final de la fiesta, cuando reunían a los niños en la capilla. Ay, ¡Si ella pudiera oírlo!
“… Jesús es quien nos trae
un mensaje de amor y de alegría”…
       –¡Es que es mucha responsabilidad llevarse un niño para criarlo!   –Dijo Leduína soltándose el delantal. –Luego llegan los de uno.
     Alonso bajó la mirada. Y de repente, su fisonomía se iluminó. Jaló  al perro por el rabo.
     –¡Hey, Biruta! ¿Tienes hambre, Biruta? ¡Vagabundo, vagabundo!... ¿Sabes Leduína? Biruta también tendrá su regalo, está escondido debajo de mi almohada. Con aquel dinero que me diste ¿Recuerdas? Compré una bolita de goma ¡Una belleza de bola! Ahora ya no morderá más tus cosas, tendrá la bolita sólo para eso. Él ya no desordenará más nada.
      –¿Hoy temprano él no estaba en el cuarto de doña Zulu?
      El niño palideció.
      –Sólo pudo ser cuando fui a lavar el automóvil…. ¿Por qué Leduína? ¿Por qué? ¿Qué fue lo que pasó?
     Ella titubeó. Y encogió los hombros.
     –Nada. Pregunté y no me contestaron.
    La puerta se abrió bruscamente y la patrona apareció. Alonso parecía un poco asustado. Estudiaba la fisonomía de la mujer. Pero ella estaba sonriente. El niño sonrió también.
      –¿Todavía no se ha ido para su fiesta Leduína?– preguntó la mujer en tono afable. Abotonaba las mangas de la blusa de seda.   –Pensé que ya habías salido… – y antes que la empleada respondiese, se volteó hacia Alonso:   –¿Entonces?¿Preparando tu cena?
    El niño bajó la cabeza. Cuando ella le hablaba así mansamente, él no sabía qué decir.
    –¿Biruta está limpio no? – prosiguió la mujer, se inclinó para darle una caricia en la cabeza del perro. Biruta bajó las orejas, gañó adolorido y se escondió bajo la estufa.
   Alonso intentó distraer la atención:
   –¡Biruta, Biruta! Perro tonto, ahora le dio por esconderse…  – se volteó hacia la patrona y sonrió disculpándose:   –Hasta de mí se esconde.
    La mujer puso la mano en el hombro del niño:
    –Voy a una fiesta donde hay un niño de tu edad. A él le gustan los perros. Entonces me acordé de llevarme prestado a Biruta sólo por esta noche. El niño está enfermo, va a quedar fascinado. ¿Me prestas a Biruta sólo por hoy? El automóvil está en la puerta. Ponlo allá que ya vamos de salida.
     El rostro del niño resplandeció. ¡¿Entonces era sólo eso?! Doña Zulu pidiendo a Biruta prestado, ¡Necesitaba a Biruta! Abrió la boca para decirle que sí, que Biruta estaba limpiecito y que estaría contento de prestárselo al niño enfermo. Pero sin darle tiempo para responder, la mujer salió apresuradamente de la cocina.
     –¿Ves Biruta? ¡Te vas a una fiesta!– exclamó.   –¡A una fiesta con niños, con dulces, con todo! ¡Te vas a una fiesta sinvergüenza! – repetía besando el hocico del perro. Tomó su pata.   –Te espero despierto, Biru… ¡Pero no demores mucho!
    El patrón ya había encendido el auto.
    –Biruta, doctor.
    El hombre se volteó ligeramente. Bajó la mirada.
    –Está bien, está bien. Déjalo allí atrás.
   Alonso aún besaba el hocico del perro. Luego le dio una última caricia, lo puso en el asiento del automóvil y se alejó corriendo.
   –¡Biruta va a adorar la fiesta! –exclamaba al entrar a la cocina.   –¡Allá hay dulces, hay niños! –Hizo una pausa. Se sentó.   –Hoy hay fiesta en todas partes, ¿verdad Leduína?
   La mujer ya se preparaba para salir.
    –Cierto.
    –¿Fue hoy que Nuestra Señora huyó en el burro?
    –No, niño. Fue hoy que Jesús nació. Después de que el rey mandó a atrapar a los tres.
    –Sabes, Leduína, si algún rey malvado quisiera matar a Biruta, yo me escondería con él en medio de la selva y me quedaría viviendo allá la vida entera ¡Solos nosotros dos! – Se rió metiéndose una papa en la boca. Y de repente se puso serio, oyendo el ruido del auto que estaba saliendo. –Doña Zulu estaba linda ¿Verdad?
    –Sí lo estaba.
    –Es tan gentil. ¿No crees que hoy estaba muy gentil?
    –Estaba, estaba muy gentil…
    –¿Por qué te ríes?
    –No es nada– respondió ella poniéndose el abrigo. Se dirigió a la puerta. Pero antes, parecía querer decir algo desagradable y por eso dudaba contrayendo la boca.
    Alonso la observó. Y presentía adivinar lo que le preocupaba.
    –Sabes, Leduína, no tienes que decirle a Doña Zulu que Biruta mordió tu cartera, ya yo hablé con él, ya le pegué. No va a volver a hacer eso nunca, prometo que no.
   La mujer miró al niño. Por primera vez lo miró a los ojos. Vaciló un instante. Se decidió:
   –Mira, si a ellos les gusta engañar a los otros, a mí no me gusta ¿Entendiste? Ella te mintió, Biruta no volverá más.
    –¿No a va qué? – preguntó Alonso poniendo el plato encima de la mesa. Tragó con dificultad el pedazo de papa que aún tenía en la boca. Se levantó.    –¿No va a qué Leduína?
    –No va a volver más. Hoy temprano él fue al cuarto de ella y rasgó un calcetín que estaba en el piso. Ella se puso de tal manera. Pero no te dijo nada y hace un rato, mientras lavabas las vajillas, escuché  que conversaba con el doctor: que no quería más a ese callejero aquí, que tenía que irse hoy mismo, y esto y aquello… El doctor le pidió que esperara, que mejor mañana, que te pondrías muy triste, que hoy era navidad… No cedió. Van a soltar al perro bien lejos de aquí y después se van a su fiesta. Mañana ella te dirá que el perro se fue de la casa del niño. Pero a mí no me gusta eso de engañar a los otros, no me gusta. Mejor que sepas eso desde ya, Biruta no va a volver.
    Alonso miró a la mujer inexpresivamente. Abrió la boca. Su voz era un soplo.
    –¿No?
    Ella se enojó.
    –¡Qué gente!–Gritó. Tomó al niño por el hombro.  –No te preocupes, no lo hagas hijo. Ve, ve a cenar.
   Dejó caer los brazos a lo largo del cuerpo. Y arrastrando los pies en un andar de viejo, salió hacia el portal. Se dirigió al garaje. La puerta de hierro estaba abierta. La luz fría de la luna llegaba hasta la costura del colchón desarreglado.
   Alonso clavó los ojos brillantes en un oso de felpa roído, medio cubierto bajo un pedazo de manta. Se arrodilló. Extendió la mano a tientas. Sacó de debajo de la almohada una bola de goma.
    –Biruta– llamó bajito.  –Biruta… – Y esta vez sólo los labios se movieron sin salir sonido alguno.
    Se quedó mucho tiempo allí arrodillado, agarrando la bola. Después la presionó fuertemente contra su corazón.