31.1.12

Biruta*



*Cuento de la escritora brasileña Lygia Fagundes Telles extraído del libro Venha ver o pôr do sol, traducido al español por Joao Quiróz Govea. Haciendo click aquí podrás leer el original en portugués.

      Alonso fue al portal cargando una palangana llena trastes sucios. Caminaba con dificultad, intentando equilibrar la palangana que era demasiado pesada para sus bracitos delgados.
      –¡Biruta! ¡Hey, Biruta! – llamó sin darse la vuelta. El perro salió del garaje. Era pequeñito y blanco, tenía una oreja parada y la otra completamente caída.
      –Siéntate allí Biruta, que vamos a tener una conversación– dijo Alonso poniendo la palangana al lado el tanque. Se arrodilló, se dobló las mangas de la camisa y  comenzó a lavar los platos.
     Biruta se sentó muy atento, inclinando interrogativamente la cabeza ora para la derecha, ora para la izquierda, como si quisiera comprender mejor las palabras de su dueño. La oreja caída se irguió un poco, mientras levantaba la otra, aguda y recta. Entre ellas se formaron dos arrugas, propias de una frente fruncida en el esfuerzo de la meditación.
    –Leduína dice que entraste en el cuarto de ella– comenzó el niño en un tono suave– y subiste a la cama y babeaste las sábanas y mordiste una cartera de cuero que ella tenía allá. La cartera estaba medio vieja y ella no le dio mucha importancia. Pero si fuera una cartera nueva ¡Biruta! ¡Si fuese una cartera nueva! ¿¡Dime lo que iba a pasar si hubiera sido una cartera nueva!? Leduína te daba una paliza y yo no podía hacer nada, como aquella vez que reventaste los flecos de la cortina, ¿Recuerdas? Te acuerdas bien, verdad, ¡No vengas a poner esa cara de inocente!...
     Biruta se acostó, metió el hocico entre las patas y bajó la oreja. Ahora, ambas orejas estaban al mismo nivel, marchitas, las puntas casi tocando el piso. Su mirada interrogativa parecía preguntar: “¿Pero qué fue lo que hice, Alonso? No recuerdo nada.”
     –¡Recuérdalo! Y no vengas a poner esa cara de enfermo, que no te creo ¿¡Oíste!? ¿¡Oíste Biruta!?– Repitió Alonso lavando furiosamente los platos. Con un gesto irritado, dobló las mangas que ya se resbalaban sobre las muñecas delgadas. Sacudió las manos llenas de espuma. Tenía las manos de viejo.
     –Alonso, ¡Termina rápido con esos platos! – gritó Leduína, asomándose por un momento en la ventana de la cocina. –Ya está oscureciendo, ¡Tengo que salir!
      –Ya voy– respondió el niño mientras sacaba el agua de la palangana. Se volteó hacia el perro. Y su rostro pálido se llenó de tristeza. ¿Por qué Biruta no se enmendaba, por qué? ¿Por qué no se esforzaba  un poco en mejorar? Doña Zulu ya estaba enojada,  Leduína también, Biruta hacía esto, Biruta hacía aquello…
      Se acordó del día en que el perro entró a la refrigeradora y sacó una carne. Leduína enfureció, venían las visitas para la cena, necesitaban llenar las empanadas “Alonso, ¿No sabes dónde dejé la carne?” Se estremeció ¡Biruta! Sigilosamente fue al garaje al fondo del jardín, donde dormía con el perro en un viejo colchón metido en un ángulo de la pared. Biruta estaba allí, acostado encima de la almohada, con el pedazo de carne entre las patas, comiendo   tranquilamente. Alonso le quitó el pedazo de carne, la guardó dentro de la camisa y volvió a la cocina. Se detuvo en la puerta al escuchar a Leduína quejarse con doña Zulu, la carne desapareció, se aproximaba la hora de la cena y la carnicería ya estaba cerrada, “!¿Qué hago doña Zulu?!”
     Ambas estaban en la sala. Podía ver a la patrona peinar frenéticamente los cabellos. Entonces sacó la carne de adentro de la camisa, acomodó el papel todo roto que la envolvía y entró con el pedazo de carne en la mano.
    –Está aquí, Leduína.
    –¡Pero falta un pedazo!
    –Ese pedazo lo cogí  para mí. Tenía ganas de comer bistec y aproveché cuando te fuiste para la tienda.
     –¿Pero por qué no escondiste el resto? – preguntó la patrona aproximándose.
     –Porque me dio miedo.
     Tenía bien vivo en la memoria el dolor que sentiría en las manos valientemente abiertas para recibir los golpes de la escoba. Lagrimas salieron de sus ojos. Los dedos fueron poniéndose morados, pero ella continuaba pegándole con el mismo vigor obstinado con que peinaba los cabellos, pegándole, pegándole como si no pudiera parar nunca más.
       –¡Atrevido! ¡Te voy a mandar de vuelta al orfanato! ¡Ladronzuelo!
     Cuando volvió al garaje, Biruta estaba allí, las dos orejas caídas, el hocico entre las patas, parpadeando, parpadeando con sus ojos tiernos “Biruta, Biruta, me dieron por culpa tuya, pero no te sientas mal, no te sientas mal.”
     Biruta soltó un gañido triste. Le lamió las lágrimas. Le lamió las manos.
     Eso había pasado hace dos semanas. Y ahora Biruta había mordido la cartera de LeduÍna ¿Y si la cartera fuese de doña Zulu?
    –¿Ah, Biruta? ¿Y si la cartera fuese de doña Zulu?
     Ya desinteresado, Biruta mordía una hoja seca.
     –¿Por qué no rompes mis cosas?– prosiguió el niño elevando la voz. –Tú sabes que puedes morder  todas mis cosas, ¿No lo sabes acaso? Pues ahora no te doy regalo de navidad, está decidido. Ya veré si te doy alguna cosa ¡Ya verás!
     Giró sobre los tobillos, dando la espalda al perro. Refunfuñaba mientras apilaba los platos en la palangana. Luego, se calló, esperando cualquier reacción del perro. Como la reacción tardó, le lanzó una mirada furtiva. Biruta dormía profundamente.
Alonso entonces sonrió. Biruta era como un bebé. ¿Por qué no entendían eso? No hacía nada de maldad, sólo quería jugar… ¿Por qué doña Zulu le tenía rabia? Él sólo quería jugar, como los bebés. ¿Por qué doña Zulu le tenía tanta rabia a los bebés?
     Una expresión desolada transfiguró el rostro del niño “¿Por qué doña Zulu tenía que ser así? El doctor es bueno, digo, nunca le importó ni conmigo ni contigo, es como si no existiéramos. Leduína tiene esas maneras de ella, pero ya me protegió dos veces. Pero doña Zulu no entiende que eres como un bebé. Hay Biruta, Biruta, crece rápido ¡Por el amor de Dios! Crece rápido y quédate tranquilo, con bastante pelo y las dos orejas paradas, vas a quedar lindo cuando crezcas, ¡Lo sé Biruta!”
     –¡Alonso!– era la voz de Leduína.    –Deje de hablar solo y traiga esa palangana. Ya está anocheciendo.
     –Deja de dormir, ¡Vagabundo! – dijo Alonso echando agua en el hocico del perro.
     Biruta Abrió los ojos, soltó un gañido y se levantó, estirando las patas delanteras en un largo desperezar.
     El niño equilibró penosamente la palangana en la cabeza. Biruta le seguía a saltos, mordiéndole los tobillos, halando con los dientes un canto del delantal.   
–¡Aprovecha bandido! – Alonso reía. –Aprovecha que estoy con las manos ocupadas, ¡Aprovecha!
     Colocó la palangana en la mesa, se inclinó para agarrar al perro. Pero Biruta le esquivó, ladrando. El niño se dobló de la risa.
     –Leduína, ¡Asusté a Biruta!...
     La empleada se puso a guardar los platos rápidamente. Le pasó una cacerola con papas:
     –Allí tienes tu cena. Todavía hay arroz y carne en el horno.
    –¿Voy a cenar solo? –Dijo Alonso sorprendido cargando la cacerola.
    –Hoy es navidad. Ellos van a comer afuera, yo también tengo mi fiesta. Vas a cenar solo.
    –Alonso se inclinó. Mirando pensativo hacia debajo de la estufa. Dos ojitos brillaban en la oscuridad. Biruta estaba allí. Alonso suspiró. ¡Era tan bueno cuando Biruta decidía sentarse! Mejor todavía cuando dormía. Tenía entonces total certeza de que nada estaba pasando. La tranquilidad. Se dirigió a Leduína.
    –¿Qué le va a regalar a su hijo?
    –Un caballito– dijo la mujer. Su voz se suavizó. –Cuando él se despierta en la mañana, va encontrar un caballito dentro del zapato. Se la pasaba diciéndome que quería un caballito, que quería un caballito…
     –Alonso tomó una papa cocida, todavía tibia. La sostuvo entre las manos.
     –Allá en el orfanato, en navidad, aparecían unas muchachas con unas bolsas con pelotas y ropa. Había una que me conocía, siempre me daba dos paquetes en lugar de uno. La madrina. Un día, me dio zapatos, un suéter con bolsillos y una camisa.
    –¿Por qué no se quedó contigo? Ella me dijo una vez que me iba a llevar, ella lo dijo. Después, no sé por qué no apareció más…
    Dejó caer en la cacerola la papa fría. Y quedó en silencio, las manos abiertas alrededor de la olla. Abrió sus ojos. Irradiaron al rostro de una expresión dura. Dos años seguidos esperó por ella. ¿No era que había prometido llevárselo? ¿No era así? No sabía ni su nombre, no sabía nada al respecto de ella, era solamente “la madrina”. Inútilmente la buscaba entre las muchachas que aparecían al fin de año con los paquetes de regalos. Inútilmente cantaba más alto que todos al final de la fiesta, cuando reunían a los niños en la capilla. Ay, ¡Si ella pudiera oírlo!
“… Jesús es quien nos trae
un mensaje de amor y de alegría”…
       –¡Es que es mucha responsabilidad llevarse un niño para criarlo!   –Dijo Leduína soltándose el delantal. –Luego llegan los de uno.
     Alonso bajó la mirada. Y de repente, su fisonomía se iluminó. Jaló  al perro por el rabo.
     –¡Hey, Biruta! ¿Tienes hambre, Biruta? ¡Vagabundo, vagabundo!... ¿Sabes Leduína? Biruta también tendrá su regalo, está escondido debajo de mi almohada. Con aquel dinero que me diste ¿Recuerdas? Compré una bolita de goma ¡Una belleza de bola! Ahora ya no morderá más tus cosas, tendrá la bolita sólo para eso. Él ya no desordenará más nada.
      –¿Hoy temprano él no estaba en el cuarto de doña Zulu?
      El niño palideció.
      –Sólo pudo ser cuando fui a lavar el automóvil…. ¿Por qué Leduína? ¿Por qué? ¿Qué fue lo que pasó?
     Ella titubeó. Y encogió los hombros.
     –Nada. Pregunté y no me contestaron.
    La puerta se abrió bruscamente y la patrona apareció. Alonso parecía un poco asustado. Estudiaba la fisonomía de la mujer. Pero ella estaba sonriente. El niño sonrió también.
      –¿Todavía no se ha ido para su fiesta Leduína?– preguntó la mujer en tono afable. Abotonaba las mangas de la blusa de seda.   –Pensé que ya habías salido… – y antes que la empleada respondiese, se volteó hacia Alonso:   –¿Entonces?¿Preparando tu cena?
    El niño bajó la cabeza. Cuando ella le hablaba así mansamente, él no sabía qué decir.
    –¿Biruta está limpio no? – prosiguió la mujer, se inclinó para darle una caricia en la cabeza del perro. Biruta bajó las orejas, gañó adolorido y se escondió bajo la estufa.
   Alonso intentó distraer la atención:
   –¡Biruta, Biruta! Perro tonto, ahora le dio por esconderse…  – se volteó hacia la patrona y sonrió disculpándose:   –Hasta de mí se esconde.
    La mujer puso la mano en el hombro del niño:
    –Voy a una fiesta donde hay un niño de tu edad. A él le gustan los perros. Entonces me acordé de llevarme prestado a Biruta sólo por esta noche. El niño está enfermo, va a quedar fascinado. ¿Me prestas a Biruta sólo por hoy? El automóvil está en la puerta. Ponlo allá que ya vamos de salida.
     El rostro del niño resplandeció. ¡¿Entonces era sólo eso?! Doña Zulu pidiendo a Biruta prestado, ¡Necesitaba a Biruta! Abrió la boca para decirle que sí, que Biruta estaba limpiecito y que estaría contento de prestárselo al niño enfermo. Pero sin darle tiempo para responder, la mujer salió apresuradamente de la cocina.
     –¿Ves Biruta? ¡Te vas a una fiesta!– exclamó.   –¡A una fiesta con niños, con dulces, con todo! ¡Te vas a una fiesta sinvergüenza! – repetía besando el hocico del perro. Tomó su pata.   –Te espero despierto, Biru… ¡Pero no demores mucho!
    El patrón ya había encendido el auto.
    –Biruta, doctor.
    El hombre se volteó ligeramente. Bajó la mirada.
    –Está bien, está bien. Déjalo allí atrás.
   Alonso aún besaba el hocico del perro. Luego le dio una última caricia, lo puso en el asiento del automóvil y se alejó corriendo.
   –¡Biruta va a adorar la fiesta! –exclamaba al entrar a la cocina.   –¡Allá hay dulces, hay niños! –Hizo una pausa. Se sentó.   –Hoy hay fiesta en todas partes, ¿verdad Leduína?
   La mujer ya se preparaba para salir.
    –Cierto.
    –¿Fue hoy que Nuestra Señora huyó en el burro?
    –No, niño. Fue hoy que Jesús nació. Después de que el rey mandó a atrapar a los tres.
    –Sabes, Leduína, si algún rey malvado quisiera matar a Biruta, yo me escondería con él en medio de la selva y me quedaría viviendo allá la vida entera ¡Solos nosotros dos! – Se rió metiéndose una papa en la boca. Y de repente se puso serio, oyendo el ruido del auto que estaba saliendo. –Doña Zulu estaba linda ¿Verdad?
    –Sí lo estaba.
    –Es tan gentil. ¿No crees que hoy estaba muy gentil?
    –Estaba, estaba muy gentil…
    –¿Por qué te ríes?
    –No es nada– respondió ella poniéndose el abrigo. Se dirigió a la puerta. Pero antes, parecía querer decir algo desagradable y por eso dudaba contrayendo la boca.
    Alonso la observó. Y presentía adivinar lo que le preocupaba.
    –Sabes, Leduína, no tienes que decirle a Doña Zulu que Biruta mordió tu cartera, ya yo hablé con él, ya le pegué. No va a volver a hacer eso nunca, prometo que no.
   La mujer miró al niño. Por primera vez lo miró a los ojos. Vaciló un instante. Se decidió:
   –Mira, si a ellos les gusta engañar a los otros, a mí no me gusta ¿Entendiste? Ella te mintió, Biruta no volverá más.
    –¿No a va qué? – preguntó Alonso poniendo el plato encima de la mesa. Tragó con dificultad el pedazo de papa que aún tenía en la boca. Se levantó.    –¿No va a qué Leduína?
    –No va a volver más. Hoy temprano él fue al cuarto de ella y rasgó un calcetín que estaba en el piso. Ella se puso de tal manera. Pero no te dijo nada y hace un rato, mientras lavabas las vajillas, escuché  que conversaba con el doctor: que no quería más a ese callejero aquí, que tenía que irse hoy mismo, y esto y aquello… El doctor le pidió que esperara, que mejor mañana, que te pondrías muy triste, que hoy era navidad… No cedió. Van a soltar al perro bien lejos de aquí y después se van a su fiesta. Mañana ella te dirá que el perro se fue de la casa del niño. Pero a mí no me gusta eso de engañar a los otros, no me gusta. Mejor que sepas eso desde ya, Biruta no va a volver.
    Alonso miró a la mujer inexpresivamente. Abrió la boca. Su voz era un soplo.
    –¿No?
    Ella se enojó.
    –¡Qué gente!–Gritó. Tomó al niño por el hombro.  –No te preocupes, no lo hagas hijo. Ve, ve a cenar.
   Dejó caer los brazos a lo largo del cuerpo. Y arrastrando los pies en un andar de viejo, salió hacia el portal. Se dirigió al garaje. La puerta de hierro estaba abierta. La luz fría de la luna llegaba hasta la costura del colchón desarreglado.
   Alonso clavó los ojos brillantes en un oso de felpa roído, medio cubierto bajo un pedazo de manta. Se arrodilló. Extendió la mano a tientas. Sacó de debajo de la almohada una bola de goma.
    –Biruta– llamó bajito.  –Biruta… – Y esta vez sólo los labios se movieron sin salir sonido alguno.
    Se quedó mucho tiempo allí arrodillado, agarrando la bola. Después la presionó fuertemente contra su corazón.   

25.1.12

24.1.12

20.1.12

NocoCine Audiovisualmente

Este miércoles asistí a una actividad muy interesante llamada NocoCine, organizada por la gente de Mente Pública. La temática del evento es llevar un petate, un taburete, un almohadón o cualquier otra cosa en la que te sientas cómodo, llegar a un patio amplio, fresco y bien decorado de San Felipe (Villa Agustina) y disfrutar de una selección de películas de cine alternativo. Este miércoles rodaron dos películas muy buenas primero, El Gato Desaparece de Carlos Sorin y en la segunda tanda, La Banda nos Visita de Eran Kolirin.
Si andas con hambre no es necesario que comas antes de llegar porque tienen comida muy rica, tanto para los que comen carne, como para los vegetarianos, además tienen cervecitas para refrescar y vinos y ron para degustar.
La actividad se realizará todos los miércoles a las 7:00 p.m. en Villa Agustina hasta que empiecen a caer las lluvias. Hay que ir, que no se diga después que en Panamá no hay nada qué hacer.
Considero que la iniciativa de la gente de Mente Pública es muy buena ya que no sólo están haciendo este tipo de actividades lúdicas sino también talleres de técnicas cinematográficas como guión, actuación, dirección de fotografía, realización, dirección de actores y montaje, como dicen ellos: “El ideal es que los panameños utilicemos el audiovisual y las artes, para expresar cultura y pensamientos, como derecho de todos los seres humanos.”

Les invito igualmente este domingo 22 de enero a las 5:30 p.m. en el Parque Andrés Bello a la Muestra Audiovisualmente 2012. 100% Cine panameño. Eso también va a quedar bueno.


Para contactar con la gente de Mente Pública pueden entrar al link: http://www.mentepublica.org/

O tuitearles algo a: @mntpublica

12.1.12

Bosco el dramático, Bosco el escandaloso

Annabel de Vallarino, esposa de Bosco Ricardo Vallarino, reveló que la familia del exalcalde no iba a permitir que éste muriera con las botas puestas haciendo referencia su condición de salud. Extraída de http://www.critica.com.pa/
     La coyuntura me obliga a emitir alguna opinión, tengo que advertir que mi opinión es sólo eso y que quien esté esperando algún juicio técnico-legalista  de mi parte no lo encontrará. Suficiente he hablado de la institucionalidad otras veces, y en este caso específico lo único que podría decir es que el Tribunal Electoral desde un principio no debió dejar que Bosco corriera como Alcalde, simplemente porque no cumplía con los requisitos. Bosco renunció a la ciudadanía panameña y allí terminaron sus derechos políticos en Panamá. Querer venir a decir ahora que Bosco fue escogido por votación popular y que eso subsana cualquier otro error es como robarse un dinero luego pedirle perdón al que se lo robaste pero no devolvérselo.
Mi opinión es esta:

Bosco es dramático.      Entro a la Alcaldía con el beneplácito del Tribunal Electoral y la Asamblea Nacional sin cumplir los requisitos mínimos ¿Cómo lo hizo? A punta de lágrimas, con tamboritos y bailes, rezando –frente a las cámaras– con  estampitas del Niño Dios entre las manos, todo esto en las afueras del Tribunal Electoral ¿Lo recuerdan? Me atrevo a decir que los que hacen opinión popular  por poco envían los papeles al Vaticano para una canonización del individuo en cuestión, “pobrecito Bosco” decía la gente  y es que Bosco conoce la idiosincrasia del panameño común que se deja llevar, en la mayoría de los casos, por los sentimientos. Sus seguidores en ese momento parecían ciegos, y al parecer también se cegaron ante el espectáculo los Magistrados y los Diputados. Aunque mi lectura en el caso de estas autoridades es que hubo buenos negociados entre Panameñismo y CD para que Bosco corriera como candidato. No se puede negar que el personaje gozaba de popularidad e intención de voto, además imagino que después de las negociaciones llegaron sus buenos beneficios para los mandamases TE y a la Asamblea. Lo cierto es que Bosco cumplió con su misión, así como lo hizo en “Bailando por un Sueño” enamorando al pueblo panameño con su voz de locutor radial de los ochentas, su carisma y sus lágrimas. Entró así a la Alcaldía. No es ninguna coincidencia que ahora Bosco salga de la Alcaldía de la misma manera, dramáticamente, con lágrimas y males del corazón, echando culpas a todo el mundo. De esa manera incluso cae más bien parado que un gato, sale de la Alcaldía como el gordito (ahora menos gordo) bonachón de las villas navideñas destrozadas, lo último que pudo hacer en su penosa gestión.

Bosco es escandaloso.      Pocos días después de su entrada a la Alcaldía Bosco estuvo involucrado en el giro de un cheque de más o menos 4000 dólares (del presupuesto de la Alcaldía) para gastos de viaje, nada más y nada menos que de su esposa, después de eso Bosco no dio tregua al escándalo; se le ocurrió nombrar de Tesorero Municipal a un tipo que era más maleante que Al Capone y Media Luna fusionados, se gastó casi un millón en piscinas inflables, “donó” mucho dinero a los scouts (siendo él de la junta directiva), invirtió otros tantos millones en las villas navideñas, se puso su banda gástrica, fue haciendo “amigos” en el consejo municipal chequera en mano (otorgó partidas extraordinarias a concejales y representantes que no tenían justificación alguna) todo esto en una ciudad que tiene aceras en las que hay que caminar como si fuera  por la cuerda floja (cuando las hay), con los parques sucios (donde los hay), los monumentos descuidados (¿hay monumentos por aquí? Sí hay, pero ni parece) en fin, tantos egresos del presupuesto municipal malgastados en asuntos banales en una ciudad que necesita una ejecución presupuestaria efectiva en ideas y proyectos de vanguardia y que por ende precisa de un Alcalde proactivo, honesto y trabajador, no a un escandaloso empedernido que de cada dólar que entra a las arcas quiera sacar alguna rebusca.

Esta es mi reflexión:

     Sí, podrá decirse que una vez más se pisotea la institucionalidad y la legalidad dentro de gobierno, pero en honor a la verdad esto era como el título de una famosa novela de García Márquez, Crónica de una Muerte Anunciada. En buena parte nosotros mismos como votantes nos buscamos eso (ustedes porque yo voté por Bernal) al votar por Bosco, por ser como dice Andrés Vega “Domplin”: un pueblo demasiado emocional, por olvidar las razones al llegar a las urnas y estampar el gancho en la casilla del que tiene  más cara de bonachón, por el que más llora o más caridad hace frente a las cámaras de televisión. Esta debe ser una lección para nosotros, un castigo por ser un pueblo que gusta del dramatismo y del escándalo. Bosco es la personificación de todo eso llevado al extremo y ya fuimos testigos de su tragicomedia que en buena parte también es la nuestra.  

11.1.12

La vuelta por los periódicos

caricaturas robadas de las ediciones del 10 de enero de 2012 del Panamá América y La Prensa respectivamente


Abro el diario. Abrir el diario es abrir una página, de internet para ser ecológicos, igual así se actualiza a cada rato con otras noticias y uno queda informado, digo, no más informado, pero por lo menos más rápidamente medio informado, porque igual si lo compro en la mañana es un cuara-más-un-dime menos en el bolsillo y ya está impreso con lo que pasó ayer, nada de noticias de última hora dizque impactantes, aunque volviendo a lo de la economía no sé específicamente cuánto me cuesta abrir la página de internet entre lo que se gasta en luz y en conexión más el tiempo que uno se queda leyendo y hueviando; en cuanto a lo ecológico,  siempre me pregunto ¿Cuál es el impacto ambiental de toda esa energía degradada? Pero esta vez no me lo he planteado tan filosóficamente, así como otras veces en las que entro en un estado de depresión con episodios suicidas pensando en los árboles que se tumbaron para hacer la represa y los pajaritos que quedaron sin sus nidos cuando la moto sierra cegó la vida de nuestros hermanos árboles,  pobrecitos, aclaro que esta vez no fue así y  solamente lo escribo aquí para que conste en actas que otras veces tampoco es cierto que eso haya sucedido, la vaina es que abro el periódico, La Prensa, leo algunas noticias teñidas de un amarillo sensacional con algunos trazos de rojo-liberal-independiente. Entro a ver los artículos de opinión, uno a uno me van aburriendo por lo trillado del mensaje, abro otra página, el que dicen que ahora es del gobierno o por lo menos que lo compraron unos tipos con nexos casi pasionales con Martinelli, Panamá América, buenas noticias las internacionales… ¿Para qué mentir? El mundo está igual de jodido que Panamá, igual de supersticioso que Panamá, igual que banal… O viceversa. Viceversa porque Panamá es igual al mundo y no al contrario, aunque siempre hay cosas aquí que no se entienden o por lo menos que yo no entiendo, porque socioculturalmente con esos fracasos en las escuelas quedamos como Haití, pero se pueden ver sembradas por los barrios más “exclusivos” de la ciudad obras arquitectónicas parecidas a las de Dubái y si hablamos de plata hay que decir que tenemos un sistema financiero parecido al de Wall Street –claro que por lo gansteril– y ya divago en cuestiones en las cuales esta vez había tratado desde el principio de no plantearme porque sólo me daba la vuelta por los periódicos. Por lo menos todavía tienen caricaturas, que teniendo internet hasta puedo robármelas para postearlas en el blog.   

2.1.12

5 consideraciones sobre el discurso de mitad de gobierno del Presidente Martinelli

Martinelli citando a La Prensa en medio del discurso

El Presidente Ricardo Martinelli ha dado un discurso ante la Asamblea Legislativa en ocasión del cumplimiento de la mitad de su periodo gubernamental, he aquí algunas consideraciones personales muy puntuales sobre el mismo:
  1.  El lenguaje utilizado en el discurso es altamente coloquial, es decir, el Presidente habla como si estuviera conversando con cualquier persona, podría decirse  incluso que no es un diálogo con cualquier persona sino con el panameño de a pie. Un ejemplo de esto es cuando se refiere al financiamiento de los proyectos de gobierno, cito: “Para lograr estos cambios necesitamos dinero, plata, billete, money, fluss, chen chen.” Definitivamente habrá quien se identifique con el uso del lenguaje, lo cierto es que en las circunstancias en que se da deja cierto aire de falta de seriedad en al asunto.
  2.  En el discurso, como es de esperarse, se hace un inventario de las obras que ha desarrollado y las que está desarrollando actualmente el gobierno. También se anuncian las que están por desarrollarse. Como ya hemos dicho, esto es una cuestión elemental dadas las circunstancias, sin embargo la nota negativa es que esto se hizo de una manera reiterativa y ni siquiera se hizo el esfuerzo de que parecieran hechas desde diferentes enfoques estas repeticiones. En palabras sencillas, la mención de los “logros” del gobierno parecía ser el coro de una canción. 
  3.  Otra cuestión que se dejó ver en el discurso de manera muy repetida, y de la cual los medios han hecho comidilla, es el hecho de que el Presidente “arremete” (así lo dice TVN y La Prensa) contra dueños de medios, periodistas, “empresaurios” y políticos de oposición. Martinelli incluso enfila la artillería de manera muy directa (obviamente sin decir nombres) contra Varela, cito: “Contrario a lo que dicen por ahí, yo no negocié una silla presidencial. El compromiso fue continuar con el cambio. Hubo quien se arrepintió en el proceso, dio su brazo a torcer y quiso retroceder. Por eso, he dejado gente en el camino.  Los que se hacen las víctimas no pueden resolver los problemas del pueblo.” O contra Roberto Eisenmann (accionista mayoritario de La Prensa) cito: “La Dirección General de Ingresos va a continuar persiguiendo a los evasores, sean quienes sean o tengan el poder mediático que tengan.  No vamos a permitir que nos tiren “cortinas de humo” para no cumplir con la ley fiscal.” Esto definitivamente es reprobable. El Presidente de la República no debería involucrarse de esta manera en este tipo de riñas estériles, mucho menos utilizar esta tribuna y estas circunstancias para hacer ese tipo de señalamientos.
  4.  No logro entender el hecho de que en el discurso de Martinelli se ataque a los "empresaurios" dueños de medios de comunicación cuando él es accionista mayoritario de varios de éstos.
  5.  Si bien puede aceptarse que este gobierno ha emprendido obras de infraestructura social y programas de ayuda social que se van mencionando varias veces en el transcurso del discurso  y que igualmente se ha aprovechado el discurso  para traer a colación lo que queda por hacer, también hay que destacar que el Presidente no habla de temas que han sido claros desaciertos en su administración y que han quedado como en un limbo en cuanto al norte a seguir, cito el caso de la minería o las impresoras fiscales. Estos vacíos de comunicación no debieron dejarse en este informe de gestión.