11.1.12

La vuelta por los periódicos

caricaturas robadas de las ediciones del 10 de enero de 2012 del Panamá América y La Prensa respectivamente


Abro el diario. Abrir el diario es abrir una página, de internet para ser ecológicos, igual así se actualiza a cada rato con otras noticias y uno queda informado, digo, no más informado, pero por lo menos más rápidamente medio informado, porque igual si lo compro en la mañana es un cuara-más-un-dime menos en el bolsillo y ya está impreso con lo que pasó ayer, nada de noticias de última hora dizque impactantes, aunque volviendo a lo de la economía no sé específicamente cuánto me cuesta abrir la página de internet entre lo que se gasta en luz y en conexión más el tiempo que uno se queda leyendo y hueviando; en cuanto a lo ecológico,  siempre me pregunto ¿Cuál es el impacto ambiental de toda esa energía degradada? Pero esta vez no me lo he planteado tan filosóficamente, así como otras veces en las que entro en un estado de depresión con episodios suicidas pensando en los árboles que se tumbaron para hacer la represa y los pajaritos que quedaron sin sus nidos cuando la moto sierra cegó la vida de nuestros hermanos árboles,  pobrecitos, aclaro que esta vez no fue así y  solamente lo escribo aquí para que conste en actas que otras veces tampoco es cierto que eso haya sucedido, la vaina es que abro el periódico, La Prensa, leo algunas noticias teñidas de un amarillo sensacional con algunos trazos de rojo-liberal-independiente. Entro a ver los artículos de opinión, uno a uno me van aburriendo por lo trillado del mensaje, abro otra página, el que dicen que ahora es del gobierno o por lo menos que lo compraron unos tipos con nexos casi pasionales con Martinelli, Panamá América, buenas noticias las internacionales… ¿Para qué mentir? El mundo está igual de jodido que Panamá, igual de supersticioso que Panamá, igual que banal… O viceversa. Viceversa porque Panamá es igual al mundo y no al contrario, aunque siempre hay cosas aquí que no se entienden o por lo menos que yo no entiendo, porque socioculturalmente con esos fracasos en las escuelas quedamos como Haití, pero se pueden ver sembradas por los barrios más “exclusivos” de la ciudad obras arquitectónicas parecidas a las de Dubái y si hablamos de plata hay que decir que tenemos un sistema financiero parecido al de Wall Street –claro que por lo gansteril– y ya divago en cuestiones en las cuales esta vez había tratado desde el principio de no plantearme porque sólo me daba la vuelta por los periódicos. Por lo menos todavía tienen caricaturas, que teniendo internet hasta puedo robármelas para postearlas en el blog.   

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