4.2.12

Derecho de Autor nuevamente


*Traducción al español de Joao Quiróz Govea del artículo Direito autoral novamente del autor brasileño Hermano Vianna.

Solo hay creatividad a partir del dominio público, de la libre circulación de las ideas.

     Derecho autoral: procuro no escribir esas dos palabras por aquí, para no ser acusado de columnista de un solo tema. Avanzo poco: La realidad vive provocándome con SOPAs, ACTAs y otras imbecilidades. Esos proyectos de ley parten del siguiente presupuesto: la industria de la piratería está a punto de dominar el mundo; para combatir esa amenaza, necesitamos de urgentes medidas de excepción, de guerra (por eso su propaganda intenta hacernos creer  que “la piratería financia el terrorismo”). Entonces, por “cuestiones de seguridad nacional” o “para salvar empleos”, gobiernos –de forma poco transparente– quieren aprobar artificios policiacos que puedan determinar súbitamente el cierre de servicios de internet o de encarcelar personas, antes que tengan posibilidad de defensa (la SOPA, por ejemplo, obligaría a los acusados a interponer recursos en tribunales americanos, pagando los costos de abogados americanos).  
   No estoy aquí para defender a los piratas. Sé que la piratería, cuando es piratería, tiene que ser combatida. Sin embargo, no veo razón para crear esas leyes especiales para su combate, sobretodo si ponen libertades básicas de la democracia en riesgo.
    Nadie conoce con certeza el tamaño del poder de la piratería. Los números que periódicos a favor del endurecimiento de estas leyes insisten en repetir (¡250 billones de dólares anuales! ¡750 mil empleos menos!), son muy sospechosos: no se sabe de dónde surgieron, en qué estudios están basados o cuál es la metodología usada en los estudios (generalmente financiados por agentes de la industria que dicen ser víctimas de la piratería). Más allá de declaraciones cuestionables como las de Neil Young (que dijo esta semana que “la piratería es la nueva radio”), he leído varios artículos que revelan otra situación, donde el impacto de la piratería no seria tan grande como afirman los autores de las nuevas leyes (muchas veces abogando por los intereses de quien les donó dinero para sus campañas).
   Julian Sanchez, investigador del CATO Institute (think tank “dedicado a los principios de libertad individual, gobiernos limitados, mercados libres y paz” –por tanto nada comunista–), publicó recientemente un documento (http://bit.ly/yCqu7d) mostrando que, en medio de la recesión actual, a decir verdad, las industrias de contenidos están bastante bien, generando empleos y productos, si son comparadas con otros sectores económicos. Confrontando números, con varias interpretaciones, lo que prueba que nada es tan evidente, y  que no hay necesidad de legislaciones draconianas para salvarnos (nosotros, defensores del estado de derecho) de una supuesta barbarie inminente.
    En lugar de gastar dinero (muchas veces público) y perder su credibilidad luchando contra el chivo expiatorio de la piratería (todos en el fondo saben: medidas como la SOPA no va a conseguir eliminarla), la industria de contenidos podría trabajar aprovechando las enormes oportunidades que la cultura digital creó para la producción cultural planetaria. La Casa Blanca, manejó lo de la SOPA mediáticamente (pensando en la reelección de Obama), intentando desviar el problema, convocando a los usuarios del internet a presentar soluciones. Nat Torkington, pionero de la web en Nueva Zelandia, respondió en el “O´Reilly Radar”: “Inventamos la internet, la web, el MP3, el MP4, el wi-fi, el comercio electrónico, el PayPal, etc. ¿Qué más quieren ustedes de nosotros? Ahora es el momento de que las industrias de contenidos gasten algunas neuronas para continuar vigentes  en el admirable nuevo mundo. ¡Que se vayan a investigar!.”    
    ¿Pero qué hacen estas industrias más allá de amenazarnos con prisión si continuamos hasta colocando links en nuestros blogs hacia sitios donde podría haber piratería? Mike Loukides, también en el “O´Reilly Radar”, replicó “Piratas son ustedes, que hacen lobby fraudulento para aprobar en el Congreso legislaciones que privatizan el dominio público, robando beneficios que podrían ser de todos. Muchas empresas de contenidos degradan el dominio público, así como las siderúrgicas contaminan el aire y el agua, también bienes comunes.” Deben ser penalizadas y no apoyadas con nuevas leyes.
    En el artículo sobre el éxito de Michel Teló, escribí que el dominio público es destino inevitable para la totalidad de la creatividad humana. Eso no es novedad de la cultura digital. Siempre fue así. Sólo hay creatividad a partir del dominio público, en la libre circulación de las ideas. Estoy en este punto totalmente de acuerdo con los pensadores que crearon las primeras legislaciones del derecho de autor, como Thomas Jefferson, uno de los padres de la democracia americana. Ninguno de ellos equiparaba bien material y bien inmaterial o creía que los autores son propietarios eternos de sus creaciones artísticas. Las creaciones artísticas son propiedad de la Humanidad. Cuando surgió la idea del derecho de autor, la sociedad apenas concedió para los autores, el monopolio temporal de utilización comercial de las obras de su autoría, teniendo en cuenta que pueden procurarse de un confort material que les permita la creación de otras obras, que en el futuro van a enriquecer el patrimonio común.
     Siempre fue así: el monopolio de comercialización es temporal. Pues la idea es siempre creada a partir de la idea de otros. Y la idea es diferente al objeto material. Usted no puede tener mi carro. Pero puede cantar la misma música que estoy cantando, en el momento en que canto esa música. Usted puede prohibirme cantarla, pero no puede sacarla de mi memoria, o de la memoria colectiva. Recuérdese de eso. Voy a comenzar mi próximo artículo desde ese lugar común.    

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