7.7.13

Posología adecuada

Cosecha propia. 2013-05-01  
            Volverse más huraño de lo usual y reservar ese amor solamente para quien lo merece no es necesariamente una cuestión de egoísmo, es más bien asunto de sensatez. Me he quedado observando como bailan todos desperdiciando los besos y las caricias, borrachos y/o drogados y me digo a mí mismo por alguna razón inconsciente “es mejor no participar de eso”. Un poco de placer, en la posología adecuada trae satisfacciones, pero el exceso degenera los sentidos, obnubila más allá de lo evidente. En otros tiempos me hubiera entregado profundamente a la felicidad momentánea, para servir al estudio sociológico de otro infeliz que fue encontrando un rumbo parecido con el que ahora llevo.  
            Si se es adicto a los extremos hay que tener conciencia que tocar fondo es una enseñanza y que no debe tornarse una actividad recurrente, allá abajo, en el frio que quema las manos, en la borrachera de la pérdida del conocimiento, en los corales rasgándote la espalda, hay un aprendizaje que puede ser tomado o no, en esas experiencias se coquetea con la muerte. Me quedo mirando a todos por última vez desde la puerta -ya había tomado lo que me correspondía de los mundanos beneficios de la alegría temporal- la abrí de par en par, completamente consiente y con una sonrisa en los labios, tocaba enfrentarse al frio de la madrugada y a los peligros latentes de las calles grisáceas.    

1 comentario:

  1. "Partí de Bonn como un fugitivo. Cuando a medianoche mi amigo Mushacke me acompañó a la orilla del Rin, donde teníamos que esperar al vapor que venía de Colonia, no quedaba en mí ni un ápice de melancolía por tener que abandonar un lugar tan hermoso y una comarca tan floreciente y separarme de un puñado de jóvenes camaradas. Antes bien, fueron justamente estos últimos quienes me alejaron. No quiero hoy, a posteriori, mostrarme injusto con aquella buena gente, como tantas otras veces lo fui entonces, pero mi naturaleza no encontró satisfacción alguna entre ellos. Yo mismo me hallaba todavía escondido en mí de un modo excesivo y salvaje, y no tenía la fuerza suficiente como para tomar parte en la intensa actividad que en aquel mundo se desarrollaba. Todo parecía forzarme, y me sentía incapaz de dominar cuanto me rodeaba. En los primeros tiempos luchaba por adaptarme a las normas, por convertirme en lo que se llama un «alegre estudiante». Pero esto me salía siempre mal, pues el hálito de poesía que parece descansar debajo de toda esa actividad se desvaneció muy pronto para mí, mientras que lo único que se me mostraba tras los excesos en la bebida, la jarana y el endeudamiento que conllevaba la vida del estudiante no era más que el talante de una forma muy convencional del más vulgar filisteísmo. Comencé a sentir en mi interior una mayor tranquilidad. Cada vez me sustraía con mayor placer de aquella burda forma de diversión para buscar mejor los sencillos goces que proporcionaba la naturaleza o los que me ofrecían los estudios artísticos emprendidos en común. Poco a poco iba sintiéndome más extraño en esos círculos de los que, sin embargo, no era tan fácil escapar." NIETZ, MIRADA RETROSPECTIVA A MIS DOS AÑOS EN LEIPZIG.

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