28.9.13

Huelga de empleados bancarios

Estamos en huelga. Banco do Brasil. 
             Una de las cosas que más me han llamado la atención estando por acá es la huelga de los empleados bancarios. Aquí cada agrupación hace su lobby para obtener sus reivindicaciones y luego del “despertar de Brasil” mejor conocida como la “primavera brasileira” los sindicatos parecen fortalecerse, aprovechan la coyuntura de la copa y del repunte económico del país para hacer sus conquistas. Mientras tanto, yo imagino las consecuencias de una huelga de los empleados de los bancos, pero en Panamá, el Banco General, la Caja de Ahorros, el HSBC, etc., con todos los “colaboradores” de brazos cruzados… Les dejo dos fotos más de la situación:


¡Basta de explotación!
Queremos salarios estilo FIFA.

Publicidad en un ómnibus de la ciudad de Porto Alegre.
Sobre la foto dice: explotado del mes.
En la primera columna dice:
Profesión: Banca
Víctima de:
Acoso moral
Objetivos laborales abusivos
Humillación

En la segunda columna dice:
El lucro de los banqueros es la enfermedad de los trabajadores bancarios. ¡Basta de explotación!

22.9.13

CAPITALISMO

            Y al lado del Café Coca Cola, punto clave de encuentro de cuadros de las corrientes más izquierdistas de la capital panameña, se encuentra aquel próspero mini-super cuyo  dueño (originario de la tierra de Mao) dio por nombre: CAPITALISMO, de manera que los ñángaras panameños pueden ser encontrados dentro del Café Coca Cola y además, al lado de CAPITALISMO.

21.9.13

Paco whisky malo

            Me acuerdo. Un día x, pero cerca de navidad. Paco me invitó a su casa a tomar whisky, teníamos como 14 años, y en la casa de Paco tenían una caja con 12 botellas Passport Scotch (whisky regularmente malo, un poco más arriba del Kentuchy, sin llegarle a los talones del Ballantines más corriente, pero ¿Qué sabe uno a los 14 años de whiskys?) Paco tenía unos Viceroy, de los lights, cajetilla blanca, azul y celeste, lo más barato, era un cigarrillo introduciéndose al mercado a precio promocional, $1.50 para una cajetilla de 20, el Paco tenía uno entre sus labios y me pasó la cajetilla a medio llenar, era un ritual  digno de la ociosidad del inicio de vacaciones escolares, culto fanático a la ingenuidad de la juventud que se nos iba aceleradamente entre cada trago de Passport. Ninguno de los dos arrugaba la cara, pero estoy más que seguro que a él también le ardía la garganta cuando iba bajando por allí delicadamente aquella bebida espirituosa, y pedir un vaso de agua era poner la virilidad en riesgo. En un momento yo me quedé pensativo, no recuerdo en qué estaba fijando las reflexiones, pero di cuenta que me había quedado solo en el garaje.

            Paco me llamó a voz baja, estaba parado a un metro de la puerta que divide la cocina del garaje en aquellas casitas de diseños arquitectónicos estrafalarios y poco prácticos. Tenía un fajo de billetes demasiado grande como para no sorprenderme, me dio dos billetes de a 20 y nunca contestó a mis preguntas, como aquella de la fuente del dinero. Sostenía el cigarro entre los dedos amarillentos de colillas harto fumadas, me dijo solamente que no dijera nada a nadie, que me callara la boca y que lo acompañara a Los Pueblos a comprar una ropa.  En un sistema político con un poco de responsabilidad social, ya hubieran detenido a dos preadolescentes ebrios y haciendo compras por altas sumas de dinero, pero volvimos tranquilos al barrio, caminando y hablando bajezas. En algún lugar del trayecto, Paco me preguntó si acaso quería ir a beber más whisky.

20.9.13

Niño muerto

                 Me acuerdo de cuando en Los Guayacanes decían que había un niño muerto, allá por el monte que se forma en la entrada de la barriada y atrás del edificio Don Memo, a donde antes estaba la Carnicería de los productos Eco. Toda la banda fue a vidajenear porque un niño muerto no se ve todos los días. Cuando yo fui ya el bochinche estaba bien regado. Conmigo fue Alexis y Gil. Landito ya estaba allí, viendo la pega y comiéndose un mango.
            No era  un niño. Era un perro  que fue de Mandrake y que según dicen, el papá de Moisesin había envenenado porque estaba celando a su perra; esa es otra historia, pero lo dejo allí por si acaso quieren hacer una investigación histórica sobre el asunto.
            La cosa es que el perro estaba en la mismísima putrefacción, soltando todos aquellos olores de cuatro o cinco días de sol de verano en país tropical húmedo, las moscas de color tornasol se servían a voluntad de las células muertas, uno o dos gallotes también, las tripas ya al aire por el medio picotear de la rapiña, y gusanitos de basura, esos que son de color crema y de poco menos de un centímetro, desplazándose entre los ligamentos corruptos sin coordinación alguna, al ritmo reptante de sus diminutas vidas invertebradas, lo más claro entre toda esa carne descompuesta y oscura, mientras Landito chupaba la pepa del mango y detenía  la vista en el moverse de los gusanos.

13.9.13

Crise ecológica


        Eu tava pesquisando na internet sobre a crise ecológica. Especificamente, um conceito exacto ou pelo menos elaborado da frase. Isso com o objetivo de fundamentar algumas ideias básicas relacionadas à frase num trabalho que estou desenvolvendo. Fiz a pesquisa em espanhol, português e o chato inglês, sendo nesta chatice de língua na qual achei algo do assunto.
         E agora, um comentário crítico: nas três línguas achei um monte de artigos -claramente, vestidos -politicamente- com uma cor vermelha ou do verde mais radical possível- falando somente das causas e consequências duma crise ecológica e com tudo o sensacionalismo com que é possível serem escrito um panfleto qualquer... Mas barbaridade tchê! Respeitem um pouquinho as regras linguísticas estabelecidas. Se vocês  vão falar da questão, pelo menos trabalhem direito em uma definição da frase, pois a final de contas, ninguém ta sabendo com certeza o que vocês chamam crise ecológica.
              Compartilho as traduções do que encontrei:
             Na Wikipédia em inglês   existe lá uma definição muito curta de crise ecológica:
        - “Uma crise ecológica acontece quando o habitat duma espécie ou a sua população sofre um grave prejuízo, ficando em perigo a sua sobrevivência.”
       Na ausência duma definição mais elabora, utilizamos a definição da frase Enviromental Crisis[1], achada no artigo Environmental Crisis: Past, Present and Future. In: Innis Lecture, Canadian Jornal of Economic, 2009. De Scott Taylor. M, na folha 6 -consultado: 11/09/2013- diz o seguinte:

        -“Eu defino Crise Ambiental como um dano ambiental grave, inesperado e irreversível que traz como consequência uma considerável redução do bem-estar social. Esta definição inclui e implica muitas situações. Primeiro, a alteração acontece em forma grave e rápida. Por isso, a extinção das espécies no mundo ou a redução gradual da quantidade de peixes não constituem crise ambiental sob esta definição. A alteração ambiental deve ser “inesperada” e por isso acho que tem uma baixa probabilidade de acontecer. A gravidade da alteração e o elemento da imprevisão distinguem as crises do que eu chamo esgotamento de recurso[2]. O esgotamento de recurso é uma situação na qual há um abuso do recurso por um longo período sem existirem reservas do recurso, mesmo no ponto de acabar. Essas situações são interessantes para o estudo, mas não são crises reais. A irreversibilidade também é um elemento importante. Se os recursos ou a natureza estão sendo rapidamente sarados é pouco provável que a alteração ambiental seja considerável, mas se a recuperação ocorre num século ou mais é absolutamente diferente. Finalmente, a alteração tem que ocasionar prejuízos consideráveis no bem-estar social. Razão pela qual a escala de danos não pode ser pequena.”


[1] Crise Ambiental.
[2] No original resources tragedies (uma tradução literal poderia ser: destruição de recursos, e mais literal ainda: tragédia de recursos, mas na real estas traduções não emprestam um entendimento adequado no contexto)

8.9.13

Un consejo al aconsejado

             
Cosecha propia. 07-09-2013
            El colmo de la solicitud de un consejo es que cuando comiences a darlo, no seas escuchado. Es  una ofensa aquello. No porque uno se acredite como dueño de la palabra final. Todo lo contrario. Cabrea porque el interlocutor solicitó el consejo con la supuesta intención de, cuando menos, escuchar un mensaje.  
            En ese preciso instante, uno está ocupado en sus propias vainas, sea en el trabajo o en el descanso. Entonces aparece alguien, un familiar, un amigo, un conocido, que en el 80% de las circunstancias está hasta la verg*, es decir, con un problema grave y ¡Voilá! Hace la pregunta del millón: ¿Qué puedo hacer en este caso?
            Aquello implica la desconfiguración de la organización del tiempo, -dejar la actividad o inactividad presente- hay que tomarse un momento para digerir las ideas. El cerebro puede funcionar a una velocidad increíble en ciertas situaciones (aquello llamado movimiento reflejo puede ser un ejemplo)  pero en la reflexión de las complejas cuestiones humanas, el proceso es diferente.
            Y hay un análisis de las circunstancias propias.  Algunas preguntas sobre las particularidades, el detenimiento en la formulación del mensaje solicitado y es entonces que sucede, comienza a hablar quien ha sido requerido, pero el otro sujeto comienza a hablar también. Aquí viene lo peor, el aconsejado comienza a hablar de las soluciones que él ha formulado para su problema. En ese momento uno piensa ¿Entonces para qué carajos vienes a contarme tus problemas y a pedirme alternativas? Si se tiene algo de confianza con el individuo es mejor decírselo y si no se le tiene es mejor mandarlo directamente a donde vino, eso en un sentido respetuoso, porque en esa situación existe todo el derecho de mandarle a la mierda.
            La desconfiguración de la propia organización cronológica. Todo ese tiempo que se le ha robado al aconsejador; pobre idiota que perdió su tiempo en esa labor intelectual de brindar una posible solución al problema ajeno. Es realmente irritante encontrarse en un momento como ese, no porque uno considere su idea como la única, sino porque fue requerida y se le despreció en el acto y ni si quiera se le prestó atención…
            Por eso es que van proliferando los consultores, hasta en las materias más absurdas del conocimiento humano, que cobran bastante bien y al final dicen lo que lo que el cliente quiere escuchar. Después están los necios reclamando porque hasta las ideas han sido privatizadas. Moraleja: Si usted pide un consejo, por gentileza, cuando menos escúchelo, esa es la mejor manera de agradecerlo. 

1.9.13

El Pedido*

          *Esta es nuestra traducción libre del cuento “O Pedido” de Rubem Fonseca, publicado en la obra Feliz Ano Novo.

            Durante dos días Amadeu Santos, português, viudo, trabajador ocasional, rondó el depósito de botellas de Joaquim Gonçalves, sin coraje de entrar. Pero ese día llovía mucho y Amadeu estaba cansado, con las piernas adoloridas del reumatismo. Además de eso, la bronquitis crónica lo hacía toser sin parar. 
            Amadeu caminó entre los anaqueles de botellas polvorientas hasta el fondo del depósito, donde, sentado junto a una mesa, estaba Joaquim. Ellos, siendo niños, habían emigrado juntos y no se veían hace cinco años, desde que pelearon por un motivo que Amadeu no recordaba. Pero de todas formas estaban peleados, aunque Amadeu no supiera el porqué. Pero Joaquim debía saber, y eso tornaba mucho más incómoda la visita de Amadeu.  
            Joaquim estaba en la vieja secretaría, haciendo cuentas a lápiz, en un pedazo de papel de envoltura amarillo. Era un hombre calvo, y los cabellos remanentes estaban grisáceos. Joaquim, al ver a Amadeu, no le reconoció inmediatamente. Amadeu era, en sus recuerdos, un hombre fuerte y guapo y en frente suyo estaba un ser flaco y abatido, visiblemente consumido por las privaciones y por la enfermedad.
            ¿Cómo estás, Joaquim?, dijo Amadeu, sin el valor para extenderle la mano.
            Andando, como Dios manda, respondió Joaquim, secamente.
            ¿Y los negocios, cómo van?
            No me quejo, dijo Joaquim imaginando cual era el propósito de la visita de Amadeu. Sus ropas maltratadas, los zapatos viejos, mostraban que Amadeu no estaba bien de vida. Pero los negocios no andan como antes, explicó Joaquim, previendo un posible pedido de dinero. No creo que tenga el valor de pedirme alguna cosa, pensó Joaquim, somos enemigos, no nos hablamos hace años.
            ¿Puedo sentarme?, preguntó Amadeu, que sentía las piernas doliendo.
            Siéntate, dijo Joaquim.
            Amadeu se sentó y permaneció en silencio, mirando para el piso. Joaquim volvió a hacer sus cuentas en el papel, pero de vez en cuando, levantaba los ojos y observaba a Amadeu. Tenemos la misma edad pero yo no estoy así de acabado, pensó, con una amarga sensación de victoria. También sintió, muy adentro, un sentimiento de pena reprimida. En los últimos cinco años él había esperado aquel momento de venganza. Pero no sentía ningún placer.
            Sin quitar la mirada del piso, Amadeu dijo:
            ¿Será que podrías prestarme quinientos cruzeiros? No estoy bien de salud y tuve que dejar de trabajar.
            Joaquim levantó la mirada de las cuentas y dijo: ¿Quinientos cruzeiros? Puede no parecer, pero eso para mí es mucho dinero.
            Yo sé, pero no tengo a quien pedirle, dijo Amadeu humildemente. En el fondo de sus ojeras enfermas, sus ojos estaban opacados de vergüenza.
            ¿Y tu hijo doctor? ¿Por qué no le pides a él?, dijo Joaquim con menosprecio.
            Mi hijo murió.
            Amadeu contó que el hijo Carlos, después de graduarse, se casó con una compañera de la facultad, una muchacha bahiana, los dos se mudaron a la tierra de ella, donde querían abrir una clínica. Un año y medio después, con un hijo pequeño, Carlos murió en un accidente automovilístico.
            Hasta hoy no conozco a mi nieto, dijo Amadeu.
            Joaquim se peleó con Amadeu por causa del hijo médico. Joaquim también tenía un hijo, Manuel, que era un  vagabundo, ignorante, no le gustaba estudiar y no terminó el colegio secundario. Las relaciones de los dos se fueron deteriorando a  medida de Carlos hacía sus estudios y Manuel se pasaba los días vagabundeando por las calles. En el día que Carlos se graduó, Joaquim, sintiéndose personalmente ofendido, dejó de hablarle a Amadeu.
            Dinero no sale de los árboles, dijo Joaquim, en un tono de voz más ameno. Pasé años envidiando un muerto pensó. ¿Por qué no vendes el camión?
            Ya lo vendí, respondió Amadeu. Él podía haber explicado que un día, al hacer un acarreo de muebles, tuvo un desmayo en la calle Leandro Martins y tuvo que ser hospitalizado de urgencia. El camión fue vendido para pagar las expensas. Amadeu tampoco dijo que debía seis meses de alquiler del miserable cuarto donde vivía, y que se alimentaba solamente con una sopa por día.
            ¿Por qué no le pides dinero a tu nuera?
            Tengo vergüenza, dijo Amadeu. Él se sentía como si estuviera desnudo, en medio de un  parque, y sucio. Pero estaba dispuesto a aguantar la humillación hasta el final.
            ¿Para qué quieres tanto dinero? Un pasaje de bus a Bahia cuesta menos.
            Quiero darle algo al dueño del cuarto, dijo Amadeu. Él ha sido muy bueno conmigo. Es Magalhães, de la Covilhã, no sé si lo conoces.
            Joaquim no lo conocía.
            La miseria de Amadeu, y principalmente la muerte de su hijo doctor, habían disipado parte del viejo resentimiento.
            No sé si tengo todo ese dinero aquí, dijo Joaquim, levantándose, caminó hasta un antiguo cofre, Amadeu percibió que Joaquim le prestaría el dinero, y en su mente comenzaron a pasar imágenes de su nueva vida en Bahia, con la nuera (que no se había casado nuevamente) y el nieto.  Hace años que por su mente cansada no habían pasado pensamientos tan felices. Sus piernas, que desde que llegó al depósito de las botellas les dolían horriblemente, pararon de doler. Su corazón se llenó de cariño por su paisano y amigo, y se acordó del viaje que habían hecho siendo niños, en el barco de inmigrantes, de la adolescencia pasada juntos, sin dinero, pero con salud, y recordó pequeños detalles, como si hubiesen ocurrido el día anterior, de una fiesta en la iglesia de la Penha, un domingo, acostados bajo un árbol, con las muchachas, que iban a ser sus esposas, tomando vino de una botella embriagándose maravillosamente. Debo decirle alguna cosa buena, pensó Amadeu, hasta ahora solamente le conté mis desgracias y le pedí dinero.
            ¿Cómo está Manuel?¿Él está bien?, preguntó Amadeu.
            Joaquim estaba curvado sobre el cofre, contando el dinero cuando Amadeu hizo la pregunta. Él paró conmocionado.
            ¿Qué?, exclamó Joaquim.
            ¿Cómo está Manuel?, repitió Amadeu, sorprendido con el tono de voz de Joaquim.
            Joaquim tiró el dinero de vuelta en el cofre, cerrando la puerta con fuerza.
            ¿Por qué me preguntas eso?, dijo Joaquim con una amargura más fuerte que la rabia que sentía.
            Yo… yo - balbuceó Amadeu.
            ¡Sabes muy bien cómo anda ese cretino!
            Yo no sé nada, protestó Amadeu. Pero Joaquim no prestó atención a lo que Amadeu decía y gritó:
            El vagabundo no hace nada, ni para estibador sirve. Duerme el día entero y de noche sale a pasear. Un hombre de más de treinta años viviendo a costas del papá, del papá, no de la mamá, que es una cabeza de ajo seco que saca dinero de mi bolsillo para dárselo a él. Un día mato a ese parasito inútil.
            Yo no sabía… dijo Amadeu tristemente. Antes un hijo muerto, pensó. Y una lágrima seca, hecha casi solamente de sal, brotó de su ojo, una lágrima por su hijo y por el de Joaquim.
            Cuando vio la lágrima brillante escurrirse lentamente por la cara de Amadeu, Joaquim se calló, incomodado. Lentamente Amadeu se levantó y, antes de salir caminando con dificultad, dijo, adiós.
            Joaquim se quedó sentado un instante. Yo no soy esa persona, pensó avergonzado de su mezquindad, y corrió en hacia la puerta de la calle gritando, ¡Amadeu, Amadeu!¡Vuelve, te  daré el dinero, vuelve!
            Pero al llegar a la calle, estaba desierta. Joaquim, incluso gritó el nombre del amigo algunas veces, mientras por su rostro se escurrían lágrimas húmedas y abundantes, de hombre gordo y fuerte.