8.9.13

Un consejo al aconsejado

             
Cosecha propia. 07-09-2013
            El colmo de la solicitud de un consejo es que cuando comiences a darlo, no seas escuchado. Es  una ofensa aquello. No porque uno se acredite como dueño de la palabra final. Todo lo contrario. Cabrea porque el interlocutor solicitó el consejo con la supuesta intención de, cuando menos, escuchar un mensaje.  
            En ese preciso instante, uno está ocupado en sus propias vainas, sea en el trabajo o en el descanso. Entonces aparece alguien, un familiar, un amigo, un conocido, que en el 80% de las circunstancias está hasta la verg*, es decir, con un problema grave y ¡Voilá! Hace la pregunta del millón: ¿Qué puedo hacer en este caso?
            Aquello implica la desconfiguración de la organización del tiempo, -dejar la actividad o inactividad presente- hay que tomarse un momento para digerir las ideas. El cerebro puede funcionar a una velocidad increíble en ciertas situaciones (aquello llamado movimiento reflejo puede ser un ejemplo)  pero en la reflexión de las complejas cuestiones humanas, el proceso es diferente.
            Y hay un análisis de las circunstancias propias.  Algunas preguntas sobre las particularidades, el detenimiento en la formulación del mensaje solicitado y es entonces que sucede, comienza a hablar quien ha sido requerido, pero el otro sujeto comienza a hablar también. Aquí viene lo peor, el aconsejado comienza a hablar de las soluciones que él ha formulado para su problema. En ese momento uno piensa ¿Entonces para qué carajos vienes a contarme tus problemas y a pedirme alternativas? Si se tiene algo de confianza con el individuo es mejor decírselo y si no se le tiene es mejor mandarlo directamente a donde vino, eso en un sentido respetuoso, porque en esa situación existe todo el derecho de mandarle a la mierda.
            La desconfiguración de la propia organización cronológica. Todo ese tiempo que se le ha robado al aconsejador; pobre idiota que perdió su tiempo en esa labor intelectual de brindar una posible solución al problema ajeno. Es realmente irritante encontrarse en un momento como ese, no porque uno considere su idea como la única, sino porque fue requerida y se le despreció en el acto y ni si quiera se le prestó atención…
            Por eso es que van proliferando los consultores, hasta en las materias más absurdas del conocimiento humano, que cobran bastante bien y al final dicen lo que lo que el cliente quiere escuchar. Después están los necios reclamando porque hasta las ideas han sido privatizadas. Moraleja: Si usted pide un consejo, por gentileza, cuando menos escúchelo, esa es la mejor manera de agradecerlo. 

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