26.11.13

Los Santiago*

A Viagem da Cidade de Porto Alegre, Cosecha Propia
            Tônio Santiago, entregado a una duermevela perezosa, seguía, con los ojos cerrados, el diseño de una melodía, a través de una región misteriosa poblada de rostros - algunos de la vida real, muchas de sus propias novelas, otras nunca vistas. De cuando en cuando entreabría los ojos para ver nuevos colores cubriendo el horizonte, a medida que el sol se aproximaba. Había ahora atrás de la ciudad, allá al final, un cielo azul ingenuo con tonos malva, púrpura y oro pulverizado. Las casas y sombras parecían haber sido pintadas en varios matices violetas. El rio en ciertos trechos tenía la lisura luminosa de un espejo; en otros, era grisáceo-azul y mate; aquí y allá había manchas oscuras o claras, moviéndose o inmóviles, islas, aguapés, barcos, boyas, veleros… Tônio      buscaba las palabras para describir aquel paisaje. Si fuese pintor -reflexionaba- le picarían los dedos por tomar un pincel y en el lienzo plasmar los colores de aquel horizonte voluble. Sí,  lo que hay en el fondo de todo artista es un niño. El niño que mira al mundo y dice: “Yo también sé hacer un cielo como aquel, flores iguales a las de este jardín, personas como aquellas que van por allá”. Hay también niños que en actitud altiva exclaman: “¡Yo sé hacer un mundo más bonito!”. Y allí estaba la razón por la cual el arte tantas veces superaba a la vida. En cuanto a los surrealistas, cubistas, etc…, son niños extraños que gritan: “Yo sé hacer un mundo diferente”. 
***
            Tônio se levantó. Pasó la mañana haciendo bocetos. Había decidido empezar una nueva novela. Reflexionaba sobre varios temas. Quería olvidar la guerra, convencerse de que aunque  el mundo estaba en caos, la vida en sus trazos elementales no iba a dejar de ser lo que siempre fue. La duda, sin embargo, le surgía en el espíritu en forma de preguntas pesimistas: “¿Si ante el drama de la guerra quedan pequeños todos los demás dramas de la literatura, que interés podría ofrecer la historia de un hombre o de un grupo de hombres? ¿Sería acertado escribir sobre los viejos y melancólicos problemas cotidianos?”. Por otro lado, era su propio espíritu el que replicaba: “Sobre los dictadores, con toda su violencia, con todas sus guerras, existe algo más fuerte, algo eterno. Es la voluntad del pueblo de sobrevivir, de creer, de renovarse”. Existe aún el drama esencial del hombre, perteneciente a todas las épocas, habita en el alma de cada criatura, está presente en cada minuto de vida. Sucede -reflexionaba Tônio- que nuestras almas tienen extrañas sendas. Podemos oír o leer, afectándonos en mayor o menor grado, la noticia de una masacre de bebes y olvidar el hecho al instante, seguir la vida como si nada hubiese pasado. Sin embargo, si en la calle un amigo estimado nos niega el saludo, volvemos a casa abatidos y pasamos una noche insomne, revolvemos la cama pensando en el “hecho”, como si fuese una catástrofe.  
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*Nuestra traducción libre de un pequeño fragmento de la novela O resto é silêncio de Erico Verissimo

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