24.12.13

El niño vendedor*

Cosecha propia, Navidad y sus contrastes, Porto Alegre

¡Y con este post deseamos a nuestros lectures una feliz navidad!
E com este post desejamos a os nossos leitores um feliz natal!

            Decenas de carretillas de supermercado se aglomeran en la acera. Mujeres, en su mayoría, empujan las carretillas en dirección al estacionamiento, a la parada de bus o esperan el taxi en una fila que se agiganta. En diciembre, quienes no tienen dinero piden préstamos, cancelan las cuentas de ahorro, comen menos, hacen cualquier cosa para entregarse al placer del consumo desenfrenado y sin límites.

            El niño vendedor observa todo con indiferencia. No visualiza las estructuras dominadoras del templo del despilfarro. Levanta una de sus manos y grita. ¡Manzana! ¡Naranja! ¡Bien frescas! Se tropieza con una señora gorda con la carretilla llena de lucecitas y bombones para  el árbol de navidad, caen algunos al suelo y dos taxistas van a socorrerla. Otro cliente que se va. La señora de la blusa con mangas de bufón observa las frutas ¡Están bien frescas, señora! Yo mismo las recogí. Sostiene una de las manzanas en sus manos blancas cubiertas por guantes y manda a una negra casi muda a llevarse una bolsa.

            El niño vendedor se extravía por momentos. Desde hace tanto tiempo es un fantasma, él no sabe nada, no recuerda cuando dejó de existir. Se rasca un pie descalzo con la mano libre y se esmera por los clientes que no llegan. Los fantasmas del consumo se pierden entre las vitrinas y anaqueles del supermercado admirando los últimos lanzamientos de la industria. Leche en envase tetrapak. Cerveza en lata. Comida precocinada y congelada. Nadie se interesa por frutas frescas. Ellas no tienen empaques con dibujos animados ni el sello de APROBADO del Ministerio de Agricultura o de una ONG ecológica. Los dibujos están hechos con tinta y tecnología. El Ministerio de Agricultura está hecho de papel y de mucha voluntad de complicar la naturaleza. La ONG aparece con su portafolio lleno de documentos incriminatorios y caudalosos protocolos de buenas costumbres. Todo debe ser regulado. Pagado. Tributado. El niño se enmaraña el cabello mal cortado, come una manzana y se sienta al lado de su pequeña carretilla con decenas de frutas que se consumen al calor de la tarde. Un hombre de setenta años, vistiendo un traje gris oscuro, se detiene y le pregunta cuánto cuesta la docena de manzanas. El niño se confunde de moneda. No sabe si son reales o cruzeiros. Da igual, responde el hombre. Y le da una moneda con un número dos enorme en el centro. Eso basta. Coloca la docena de manzanas en un saco de tela y se va por el estacionamiento. El niño sonríe y piensa ¿Quién sabe si da para ir al cine? Pero el cine, así como las manzanas frescas, no existe.  
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* Nuestra traducción libre al español del cuento “O menino da venda” de autoría del amigo Rugbier Marcelo Benvenutti de su libro “Manual do fantasma amador”.

19.12.13

Pequeñisimo mea culpa ideológico de la malvada derecha

Monumento a Júlio de Castilhos, Praça da Matriz, Porto Alegre - Cosecha Propia
            Nosotros, los de la derecha aceptamos la maldad congénita que a nuestra doctrina ideológica achacan los intelectuales programáticos de la bondadosa izquierda. Porque, como dicen los compañeros,  nosotros siempre respondemos a malvados intereses económicos mientras ellos actúan siempre motivados por bondadosos sentimientos sociales.

12.12.13

Nua*

Após do renascer, cosecha propia.
Eu amo tua nudez
porque nua me bebes com os poros,
como faz a água quando entre suas paredes eu mergulho.

Tua nudez derriba com o seu calor os limites,
abre todas as portas para que eu adivinhe você,
me pega da mão como criança extraviada
que em ti apaziguará sua idade e suas perguntas.

Tua pele doce e salobre que eu respiro e que eu degusto
vira meu universo, o credo que me nutre;
a aromática lâmpada que levanto estando cego
quando junto às sombras os desejos me latem.

Quando você fica nua para mim com os olhos fechados
cabes numa taça vizinha da minha língua,
cabes entre minhas mãos como pão necessário,
cabes embaixo do meu corpo mais cabal que a  sua sombra.

O dia em que tu morras te sepultarei nua
para que limpo seja teu reparto na terra,
para que eu possa beijar tua pele nas estradas,
entrelaçar-te em cada rio os cabelos despenteados.

O dia em que tu morras te sepultarei nua,
como quando você nasceu novamente entre minhas pernas.

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*Nossa tradução livre ao português do poema “Desnuda” do poeta salvadorenho Roque Dalton.

Pra ouvir:

10.12.13

Holocausto Brasileiro*

"Sônia Maria da Costa, sobreviviente del holocausto, en foto de 1961, y hoy." Pág. 52, Holocausto Brasileiro - Cosecha propia.  
            Sônia creció sola en el hospital. Sufrió toda clase de vejámenes. Fue agredida físicamente, le dieron choques eléctricos a diario, la encerraron en una celda húmeda sin siquiera una frazada para calentar el cuerpo, le suministraron las famosas inyecciones de “embriaguez”, que causaban impregnación en el organismo hasta llenar la boca de baba. En ausencia de agua potable, bebió su propia orina para matar la sed. Fue sumergida en una tina de baño con heces, un castigo impuesto a las personas que, como Sônia, no se encuadraban a las reglas. En varias ocasiones le sacaron sangre sin su consentimiento, por vampiros humanos que llenaban recipientes de vidrio para hacer transfusiones de sangre a organismos más debilitados que el de ella, principalmente a los pacientes a los que les practicaban lobotomías. La intervención quirúrgica para la ablación total o parcial de los lóbulos frontales del cerebro era recurrentemente practicada en Colônia. Aunque ha sido considerada una técnica cruel de la psicocirugía, la lobotomía aun es realizada en el país.
            Las décadas de encierro dejaron en Sônia marcas físicas de maltrato. Para curar las heridas abiertas en su cuerpo, Sônia se ponía esmalte sobre ellas, causando infecciones difíciles de curar. Un día de furia y dolor, se arrancó un diente con un alicate, pues no aguantaba más el palpitar del rostro. Reaccionó con violencia a la etapa más gris de su vida. Llegó a ser temida, aprendió a odiar. Fue víctima y verdugo. Sufrió mucho, sin embargo, se vanagloria de haberse vengado y de haber agredido a funcionarios y pacientes del hospital.
            Así como la interna Celita Maria da Conceição, ella se restregó las propias heces por el cuerpo cuando estuvo embarazada dentro del hospital. Cuestionada acerca de la repugnante acción, Sônia responde: - Era la única forma de que nadie lastimara a mi bebé. Así de sucia ningún funcionario iba a tocarme. Así protegía a la criatura que llevaba en el vientre.
            El repelente humano fue utilizado en Colônia por otras gestantes. Aunque Sônia tuvo dos hijos biológicos en su  periodo de internación en el hospital - la niña murió y el niño, hoy con veinticinco años está preso - su corazón eligió una paciente como hija adoptiva.
        En 2003, cuando Sônia tuvo la oportunidad de irse de Colônia, condicionó su salida. Solamente dejaría  Colônia si Terezinha se iba con ella. Salieron juntas del hospital, de manos dadas, por el portón principal de Colônia. No miraron atrás. Cuando llegaron a la residencia terapéutica a donde vivirían, sintieron desconfianza. Los servicios residenciales terapéuticos son lugares destinados a personas que han pasado por largas internaciones y que no tienen la posibilidad de retornar a un hogar.     
            Las dos tenían las manos entrelazadas cuando entraron en la sala. Dentro de casa, olía a buena comida. No tuvieron que desnudarse, no fueron amarradas, ni obligadas a tomar baños colectivos, nada de agua fría. Necesitaban acostumbrarse al privilegio de la individualidad. Tener su propia toalla y su jabón era una gran novedad. Se sintieron confundidas al descubrir que había un guarda ropa para cada una. Era la primera vez que tenían algo propio. 
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 *Nuestra traducción libre al español de un fragmento del II Capítulo (Na roda da loucura) del Libro Holocausto Brasileiro de Daniela Arbex.

Nota: Agradecemos a Andre Monteiro por facilitarlos este interesante libro.

Trailer del libro: