10.12.13

Holocausto Brasileiro*

"Sônia Maria da Costa, sobreviviente del holocausto, en foto de 1961, y hoy." Pág. 52, Holocausto Brasileiro - Cosecha propia.  
            Sônia creció sola en el hospital. Sufrió toda clase de vejámenes. Fue agredida físicamente, le dieron choques eléctricos a diario, la encerraron en una celda húmeda sin siquiera una frazada para calentar el cuerpo, le suministraron las famosas inyecciones de “embriaguez”, que causaban impregnación en el organismo hasta llenar la boca de baba. En ausencia de agua potable, bebió su propia orina para matar la sed. Fue sumergida en una tina de baño con heces, un castigo impuesto a las personas que, como Sônia, no se encuadraban a las reglas. En varias ocasiones le sacaron sangre sin su consentimiento, por vampiros humanos que llenaban recipientes de vidrio para hacer transfusiones de sangre a organismos más debilitados que el de ella, principalmente a los pacientes a los que les practicaban lobotomías. La intervención quirúrgica para la ablación total o parcial de los lóbulos frontales del cerebro era recurrentemente practicada en Colônia. Aunque ha sido considerada una técnica cruel de la psicocirugía, la lobotomía aun es realizada en el país.
            Las décadas de encierro dejaron en Sônia marcas físicas de maltrato. Para curar las heridas abiertas en su cuerpo, Sônia se ponía esmalte sobre ellas, causando infecciones difíciles de curar. Un día de furia y dolor, se arrancó un diente con un alicate, pues no aguantaba más el palpitar del rostro. Reaccionó con violencia a la etapa más gris de su vida. Llegó a ser temida, aprendió a odiar. Fue víctima y verdugo. Sufrió mucho, sin embargo, se vanagloria de haberse vengado y de haber agredido a funcionarios y pacientes del hospital.
            Así como la interna Celita Maria da Conceição, ella se restregó las propias heces por el cuerpo cuando estuvo embarazada dentro del hospital. Cuestionada acerca de la repugnante acción, Sônia responde: - Era la única forma de que nadie lastimara a mi bebé. Así de sucia ningún funcionario iba a tocarme. Así protegía a la criatura que llevaba en el vientre.
            El repelente humano fue utilizado en Colônia por otras gestantes. Aunque Sônia tuvo dos hijos biológicos en su  periodo de internación en el hospital - la niña murió y el niño, hoy con veinticinco años está preso - su corazón eligió una paciente como hija adoptiva.
        En 2003, cuando Sônia tuvo la oportunidad de irse de Colônia, condicionó su salida. Solamente dejaría  Colônia si Terezinha se iba con ella. Salieron juntas del hospital, de manos dadas, por el portón principal de Colônia. No miraron atrás. Cuando llegaron a la residencia terapéutica a donde vivirían, sintieron desconfianza. Los servicios residenciales terapéuticos son lugares destinados a personas que han pasado por largas internaciones y que no tienen la posibilidad de retornar a un hogar.     
            Las dos tenían las manos entrelazadas cuando entraron en la sala. Dentro de casa, olía a buena comida. No tuvieron que desnudarse, no fueron amarradas, ni obligadas a tomar baños colectivos, nada de agua fría. Necesitaban acostumbrarse al privilegio de la individualidad. Tener su propia toalla y su jabón era una gran novedad. Se sintieron confundidas al descubrir que había un guarda ropa para cada una. Era la primera vez que tenían algo propio. 
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 *Nuestra traducción libre al español de un fragmento del II Capítulo (Na roda da loucura) del Libro Holocausto Brasileiro de Daniela Arbex.

Nota: Agradecemos a Andre Monteiro por facilitarlos este interesante libro.

Trailer del libro:

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