23.5.14

kfc

Cosecha propia, 22-05-14

            En las conversas de las fiestas chic también se habla de los pollos con la profundidad de los análisis esnob que la embriaguez permite y hasta en un tono incendiario que por momentos sorprende, quien no conozca creerá que allí existe el potencial revolucionario para defenestrar a los gansters del mundillo de la mafia avícola será o que cuando menos con la propia fuerza de los gritos, que compiten con el volumen de Pharrell Williams y su bazofia feliz, dará para sacarlos de las jaulas en que los encierran pobrecitos, por ejemplo; es normal sentir interés por algunas teorías, que están robotizados, es el hipnotismo de la producción en cadena[1] para gente encadenada, comidos fritos en sus pellejos de harina en todas las mecas de la comida rápida, todo esto es una metáfora de que tras la sobria decoración y tranquilidad  de estas instalaciones se esconde el origen de todos los males de la tierra comenzando por el colesterol alto en los infantes y la obesidad de los que compran dos o tres canastas de pollo a la semana según las estadísticas de la FAO, toca verlos en otra faceta en el muestrario cristalizado y gélido de la sección de las carnes; sus poros afeitados en ese color entre rosa y blanco. Ha sucedido que  la pechuga de un mismo pollo está de un lado desinflada y del otro grande, la reiterada práctica no es culpa del carnicero ni de su estilo estándar de corte, expertos de fábricas de los países industrializados del Este de Europa  entienden el fenómeno como una situación normal del proceso de crecimiento acelerado, en ese detalle nadie se mete, el internet es una fuente de saberes y falacias, dice el emisor del comentario como para disculparse, silencio, incomodo, los demás siguen diluyéndose en tantos otros diálogos sobre personas famosas o cosas que desde allí se ven lejanas y tenues con los vasos llenos de vodka y red bull.


[1] Versión de un invitado del Partido Verde.

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