28.7.14

Calor calor


            Calor bailando en todo, como un verbo omnipresente y elástico, en espacios cerrados, llega a las nubes en el desierto de noche, a la ciudad de mañana o en cualquier otro orden cronológico, toda una institución de instituciones, un sistema de baja presión y diagnósticos universitarios similares enmarañados con humedad relativa y sensación térmica en una sección cajonera del telediario, no es mental o sea, simplemente habrá necedad y controversias porque el sudor sale de cara al viento ante esfuerzos menores o en las camas entre dos cuerpos como una ley irrefutable a consecuencia de la producción de calor en la intensidad del movimiento,  sin más explicaciones que las científicas, física básica para novatos; en los inviernos fuertes está el horno encendido con la tapa abierta para que la casa caliente, en los veranos los grifos echan agua al punto casi de la ebullición que parece una broma de mal gusto al sentirla en las manos, es surreal una quemadura de esas o al ponerla en la cara sudada para ningún alivio sino que la sensación placebo del puro gusto de intentar algo y nada más, calor como acción, mal necesario o necesidad placentera, nunca ausente en su totalidad.

21.7.14

Vieja enamorada


          Se decía y puede que se siga diciendo como una grave sentencia entre la gallada que la lluvia de sol brillante era señal irrefutable de que una vieja estaba enamorada, obviamente era difícil establecer con precisión quién era la vieja que pasaba su mal de amores en ese momento, y generalizar o hacer señalamientos imprudentes era un atentado a la reputación de las propias abuelas del barrio o la de cada integrante de la pandilla, porque es más cómodo ver los problemas ajenos Además de la infidelidad del nuevo amor, una afrenta contra el sagrado matrimonio, el abuelo podría morir de cabanga como un pajarito australiano o hacer que no le importaba y comprar viagra y perderse como en sus años mozos, causando una extraña circunstancia familiar a esas alturasasí que la historia terminaba siempre bajo protagonismo de Martina, una señora muy malhumorada, vivía sola junto al parque, vendía duros y a las horas de juego se quedaba viendo atenta cada movimiento de la bola y a los muchachos con una expresión bizarra, a veces y estas eran las ocasiones más esperadas llovía y había fútbol bajo las gotas, también sol y Martina inclemente en el jardín, de mirada melancólica y rumores de suspiros. Ya ha muerto Martina y nadie vende duros, los jugadores de esa generación están en sus trabajos tristes de adulto mientras siguen cayendo lluvias soleadas, sobrevive el mito y tantas preguntas ¿Acaso el amor tiene una edad para ser? ¿Sentirán los abuelos dudas sobre la estabilidad de sus relaciones maritales de décadas al ver el sol atrás del aguacero? ¿Quién es el galán de la señora?

14.7.14

Doscientos años


           Ni doscientos años serían suficientes, las cosas seguirían dándose como pasan, a ninguno le importa, total, los resultados no afectan a nadie y aunque así fuese, una muerte, una quiebra, una desaparición, son hechos que terminan por olvidarse por otras cosas tantas que hay que hacer para evitar que vuelvan a suceder y si suceden, serán olvidadas otra vez o quedarán en el recuerdo de los libros o los sitios web como simples referencias de lo que sucedió por el motivo que sepa el diablo para completar el círculo vicioso y tratar de que no sucedan, porque tratar es lo único que puede hacerse frente a lo inevitable y es que ni toda la existencia ha sido necesaria para perderla en explicaciones, uno que otro filósofo o científico yacen frustrados, se disecaron en el encierro, sumidos en la búsqueda de respuestas que se le escapaban entre las necedades, huidas de las cárceles voluntarias escogidas como vida, porque las verdades están en los campos y en el viento, dejadas al vaivén de los calendarios pero ocultas a la profanación vana del conocimiento, porque deben permanecer ajenas a las definiciones exactas y a las formulas, siempre teorizables aunque ausentes de toda precisión, conjeturas a veces absurdas y si relativamente ciertas, unánimemente aburridas. Por otro lado, ningún tiempo está dedicado a su descomposición improductiva o pérdida, sí, en momentos recurrentes es ocio y viciosa perdición, más de doscientos años de desdichas acumulables y no debe ser ignorada la posibilidad de adquirir experiencias dañinas y edificantes tan vastas como el Sahara.  

7.7.14

Límite


         Hay una línea para que cada cosa deje de ser otra, a veces inclusive a la vista cercana pareciese no existir contrastes aparentes entre las edificaciones y en otra ubicación diferenciada todo es diversidad, gentes, movimiento, eso que no se ve desde miradores panorámicos  o en la ventana del avión a mil(es) pies, el desdén de la metáfora de los humanos como hormigas, en la distancia pequeñísimos puntos que se desplazan entre los orificios metropolitanos que a su vez se demarcan entre los cajetones de hormigón acerado, sendas asfaltadas y aparentes espacios abiertos, elementos necesarios para el mantenimiento del urbanismo, parques, andén, plazoletas, alguno se detiene a pesar del apremio y el revolú rutinario y grita a todos los decibeles que le permite la garganta, un grito de angustia o de júbilo puede cambiarlo todo aunque es solamente ruido, y eso es también una línea aunque no se vea porque se distingue entre todos los ruidos monótonos de la jornada, algo que separa cosas de otras, para la subjetividad individual ocurre que las líneas se marcan en base a percepciones, abiertas a fuerza de las circunstancias temporales que cada quien vive al presente y en pretérito imperfecto, o al futuro promisorio, quien grita se encuentra en cualquiera de ellas, sin embargo cada una encuentra medidas establecidas para cumplirse como periodos cualquieras, pero las medidas son fijas, de duraciones relativas, segundos, meses, décadas, pequeñas o grandes medidas de tiempo que dividen las sucesivas oscuridades de la madrugada, de los amaneceres.