25.8.14

Valle de Fergana

Valle de Fergana, 2014 - 06 - 08
             No puede decirse con exactitud lo que sucede en el Valle de Fergana, muy poca es la literatura existente al respecto y mucho menos los reportajes periodísticos que se hacen y llegan hasta aquí. Sin embargo, está toda aquella mitología construida con las pocas referencias populares, la crueldad dictatorial de los caudillos, los espíritus de cadáveres de las revoluciones islámicas, la oscuridad soviética de las arquitecturas y el desierto artificial de los desastres humanos; y ¿qué otras tantas cosas nacen de esa combinación de elementos abstractos al lejano entendimiento del mar caribe y probablemente cotidianos para las gentes del otro lado? En el Valle de Fergana existen recintos inaccesibles en los que la vida se desdobla y ya no es aquello que conoce la ciencia, el respirar es un viento creado por las montañas y que los pocos árboles purifican, no como la fotosíntesis tal cual ha sido estudiada, sino en un simple placer por soplar fuera lo se llevaron dentro al inhalar el aliento de un congénere, y el propio exhalar de los árboles es el viento perenne que hace al cielo tan gris, aterrador en principio, pero con su belleza de matices lineales, aunque en esos lugares específicos cada línea natural es confundida con otra línea trazada por el hombre con sus máquinas, un dibujo malo o bueno dependiendo de la interpretación, pero al fin y al cabo contornos diseñados para ser interpretados con la misma ambigüedad con que han nacido, las nubes reflejan  a la tierra, solamente su sombra y es igualmente relativo lo que dejan ver bajo ellas, como si todo fuese puesto en negro sin que hayan contrastes evidentes, como una trampa al observador, pero hay que hablar de los árboles también, que tienen como carácter propio y soplan viento en las direcciones nunca cambiantes, a veces se ve a algún ser extraño sentado sobre ellos, dejando calmar el espíritu.

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