4.8.14

Yihad

Yihad - 2014 - 06 - 10
         No es específicamente como lo pintan, Yihad implica algo más profundo que destruir, de hecho, ni siquiera es destruir y más bien contempla una construcción, construirse por dentro y estar preparado. Es un guerra, sí, pero el enemigo es el monstro de uno, el que puede quemar por dentro cuando uno no lo controla, y en ese incendio corrompe y transforma al ser como un todo en un demonio ni más ni menos, posiblemente en un terrorista o en un político corrupto, en un mercenario o en un tirano, en un asesino por placer o a sueldo, tanto hace el resultado final de la degeneración, porque al fin y al cabo en la degeneración en sí misma habita ese germen que lo va pudriendo todo, lo propio y lo ajeno, es allí que inicia a entenderse mal el término Yihad, en la degeneración de los que lo usan, que sin luchar con los demonios propios declaran una guerra santa, una cacería contra tal persona o cuál régimen y eso implica una seria contradicción: ¿Cómo es posible que un demonio declare la guerra en nombre de Dios?

            En ningún lado dice que las religiones son  asociaciones con objetivos criminales propiamente, en ningún texto religioso existe una exhortación al asesinato de quienes no compartan la misma fe, consecuentemente no puede hablarse de una Yihad asesina. De lo que sí debe debatirse es sobre las malas interpretaciones en relación a ciertas normas religiosas por determinados grupos de intereses y eso no aplica solamente para el Corán y a la interpretación que de él hagan los extremistas sino también a quienes hacen de la Biblia un argumento para sacarles el dinero a los cristianos, ese diezmo que a tantos les hace falta hasta para completar un plato de comida y que siervos, pastores o sacerdotes cobran con diligente inclemencia, que no es lo mismo pero al fin y al cabo en las dos situaciones referenciales la degeneración termina por afectar inocentes, y ninguna religión ni ningún dios debe ser erigido sobre el dolor de seres humanos. Habrá quien no lo vea de esa forma, pero la historia se ha encargado de condenar a los que en nombre de Dios han matado y a los que en nombre de Dios se han enriquecido. El piadoso construye su Yihad, combate contra sus propios ánimos de maldad, destruye a su monstro interno en cada una de sus acciones y esto le da también la moral para rebelarse contra las arbitrariedades, por eso el burócrata corrupto  y otros tantos irracionales temen a la Yihad verdadera, al ser lo mismo que la justicia divina cumplida a manos de gente de fe. 

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