22.2.15

La vida de Júlio*

Regalo de un viejo amigo

                En una pequeña ciudad del interior, llamada Poço, vive un viejo de barba espesa y cenicienta. El viejo se despierta todos los días antes de que el sol nazca, abre la bodega y espera a los primeros clientes. En verdad no existen muchos clientes yendo a la bodega. Entonces el viejo, que tiene un perro pulgoso llamado Edgar, saca tabaco negro de una gaveta y comienza, lentamente, a picarlo con una navaja española. La navaja española es un regalo de un rey muerto. Un amigo. La sombra escondida bajo las patas del perro marca el medio día. El viejo, de nombre Júlio, enciende y fuma mientras espera a los clientes. En verdad no existen clientes yendo a la bodega. Lo que no le impide al viejo abrir las puertas todos los días. El viejo, entonces satisfecho, llama al perro para que se acerque a su asiento, hecho de cuerdas de plástico trenzadas, acaricia sus orejas llenas de mordidas, y sonríe. Es una sonrisa tímida. El viejo tiene miedo de que algún cliente lo encuentre así, feliz. Él no piensa mucho sobre eso. Pensar no deja a las personas sonreír. Pero ahora es hora de cerrar las puertas. Y dormir. La noche hace que el viejo recuerde.
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*Traducción libre del cuento A vida de Júlio del libro Vidas Cegas de Marcelo Benvenutti.  

1 comentario:

  1. Es como todas nuestras vidas, abriendo las puertas a personas que no existen, que no van a llegar, haciendo cosas y alimentando ilusiones que terminarán al final del día tal vez con una sonrisa. Pero no se piensa mucho en eso, porque pensar no deja sonreír.

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