8.11.15

K

Revuelvo la mirada y no me queda otra vaina que mirar pa atrás, seguir hablando de cosas que tienen alguna relevancia en estos días que dizque la gente piensa en el país y en el norte o sur que hay que seguir. Me pusieron a pensar dos textos del periódico, el primero una entrevista al Historiador Rommel Escarreola Palacios de la cual se extraen dos retratos escritos de la realidad: "El patriotismo nacional es muy coyuntural." "El nacionalismo panameño es débil, porque a pesar de que yo quiera a Panamá no me siento propietario en mi propio territorio." Y el segundo un artículo periodístico en el que le piden la opinión a la gran amiga Lucy Chau y en el que buscan una comparación entre la poesía nacionalista de antaño y la poética contemporánea panameña… Definitivamente los tiempos han cambiado, y yo creo que desde lo del Canal con Torrijos pareciese que no tenemos ni norte ni sur, es decir objetivo. Aquí cada pico jala pa su gallote y después que haya plata en el bolsillo, no existen en los morbos mentales individuales-e-individualistas problemas sociales. La oligarquía y su eterno ánimo de lucro, la clase media se contenta con una casita en los suburbios y una de playa, los pobres se reproducen como ñeques con la esperanza de que un hijo los saque de la pobreza, me voy alejando del tema, pero para volver al hilo conductor no se me ocurre otra cosa que citar al no bien querido actual Decano de la Facultad de Derecho de la UP que en algún momento de lucidez me dijo que Panamá es como Mr. Magoo, anda ciego por allí sin saber qué hace, expuesto a cada peligro y lo único que lo salva es la suerte… Como país, no hay un proyecto trazado de qué es lo que queremos y cómo llegar a eso, y de allí que ya la poesía no nos salga tan pomposa como en los tiempos en los que estábamos ordenando las ideas para ver cómo armábamos el Estado o después cómo sacábamos a los gringos de aquí, y ahora los poetas enfilan sus plumas contra las cosas malas que deben arreglarse y que no se está haciendo por quienes deben hacerlo, ya nuestras expresiones son diferentes al ser diferentes las condiciones, necesidades y problemas de 1910 u 1960. Hoy nos sentimos a veces extranjeros en nuestra propia tierra, zozobra y no queda otra cosa que escribir incómodamente para ver si así cambiamos algo. Quizá en cien años las poesías de esta generación se lean en las escuelas y sean las recitadas con fervor por los niños en la escuela antes del canto del himno. 

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