1.11.15

M

Una vuelta por la ciudad a eso de las once y algo pe-eme, andar entre Rio Abajo y Parque Lefevre, sus huecos en el pavimento que pueden reventar facilito una llanta, la gente chatiando con sus celulares evidencia de infidelidades o esperanzas, gordas y viejos chombos, una mamá con su niño de brazos, las paradas relativamente habitadas; venir de Via Argentina y ver transitar en la fiesta perenne a fulas operadas de las tetas o las nalgas y tipos inc que aman sus carros, la oscuridad lo agarra todo excepto a un Metrobus lleno de luces blancas que alumbran caras de sueño, dormidos y espera, la decadencia stanby, a veces más a veces menos, pero siempre estable como la economía del dólar, colores desteñidos de paredes de negocios matutinos, remodelaciones, focos de neón desde el ochenta y algún tubo quemado, construcciones verticales tan creativas como cajeta, una alarma suena dañada en alguna empresa, no se sabe si ayer de verdad robaron porque igual tiene una semana en lo mismo, güiu güiu güiu, como a las doce y pico empieza, para a la una, güiu güiu güiu tres y tanto y despertó al que no se ha acostumbrado con miedo y paranoia, pero, hasta qué punto la caricatura de la ciudad de Panamá puede ser peligrosa de a de veras como para no salir de vez en cuando? Se desdibujan los suburbios con el humo del fuego del caucho quemado para sacar el cobre y venderlo, a Monky ya le vale mierda y cada noche por allí por San Fernando levanta una montaña de fuego, si te le acercas y le preguntas te dice que no sabe qué disfruta más: Si la plata que recoge con eso en la mañana o el fuego que prende en la noche fría, dice que el fuego lo hace pensar en los orígenes de su especie y que solamente se tranquiliza cuando ve que su fogata va agarrando tamaño, nunca ha ido preso ni por incendiarismo ni por terrorismo, ser piedrero lo hace inimputable, se rehabilitó un tiempo y no supo vivirla así, él es el suburbio, él es más Juan Díaz que Paco Sucre en su Junta Comunal, subes más allá la José Agustín Arango, pasas Los Pueblos, El Extra que era la decadencia en sí y que ya cerró, la Radial es más oscura o más bien opaca con esas luces amarillas y tristes, la tienda de servicio completo, los chinos venden cervezas, cigarrillos y papel de filin y los criollos coquetean para vender alguna otra cosa fuera de ley u ofrecen su mano de obra para cargar las cajas de cerveza y ganar cualquier brusca, el Macdonals de Pedregal, quizá el último vestigio de civilización del lado más de Pedregal, al otro lado (a la derecha está Don Bosco) no es tan bizarro andar, ni tan divertido. Pedregal… Pedregal es más oscuro todavía, oscuro de verdad, la Rana de Oro, San Joaco, antes el Parador siempre un hervidero, talleres de mecánica cerrados a esa hora y gente que camina como perdida en su propio barrio, esperando alguna cosa suceder, más humo de caucho, los dueños de ese humo son desconocidos, ya para allá es un poco más complejo avanzar, pero vale la pena hacerlo una que otra vez en la vida.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Favor combatir la idea y no al mensajero, gracias!